Make your own free website on Tripod.com

- 5 -

 

Infancia Y Conversión

 

Quizás por la discusión anterior Ud. puede ver por qué yo creo que William Branham fue el profeta de Dios para esta generación,, enviado para traer la Palabra de Dios, para consumar los misterios de Dios, para restaurar todas las cosas, y para corregir todas las cosas que erradamente se desviaron. Para aquéllos que no conocen los detalles de su vida, me gustaría compartir algunos de ellos con Ud. Y que pueda tener también la misma oportunidad que yo tuve cuando leí el libro Un Hombre Enviado De Dios por el Hermano Gordon Lindsay. Quizás Ud. verá como yo, el plan especial de Dios para su vida desde el tiempo de su nacimiento. Para comparar, examinemos primero otros ejemplos en la Biblia de hombres que fueron escogidos desde el nacimiento.

 

El Capítulo uno del Primero libro de Samuel relata cómo la madre de Samuel lo dio al Señor aún antes que naciera. Tan pronto como fue destetado, lo llevaron al templo,, donde su madre lo presentó a Elí el sumo sacerdote, para criarlo en el servicio del Señor. Cuando era un niño todavía, como dice el Primer libro de Samuel 3:1, él “ministraba a Jehová en presencia de Elí; y la palabra de Jehová escaseaba en aquellos días; no había visión con frecuencia.” Yo le pido al lector que considere el paralelo en el siglo veinte. ¿Dónde, y por quién estaba la Palabra del Señor viniendo por “visión con frecuencia” antes que el Hermano Branham entrara a la escena evangelística? Aunque había alguna gente con visiones, más ciertamente no había gran movimiento de sanidad Divina en el mundo. Tampoco había avivamiento como el mundo ha experimentado desde entonces. El avivamiento comenzó en 1946 y continuó hasta casi 1957, pero desde entonces ha menguado del clímax que alcanzó a fines de los cuarentas y principio de los cincuentas. Así que como fue en los días de Samuel, no había “visión con frecuencia” porque no había profeta de Dios en la escena hasta el Hermano Branham.

 

Cuando Samuel era un niño, Dios le habló la primera vez. Él lo llamó tres veces. Cada vez Samuel respondió, pensando que la voz era la de Elí. Finalmente, Elí le dijo que regresara y se acostara y la próxima vez que sucediera dijera, “Habla Señor, que tu siervo oye.” Entonces en el Primero 3:11, leemos, “Y Jehová dijo a Samuel: He aquí haré yo una cosa en Israel, que a quien la oyere, le retiñirán ambos oídos.” El poderoso Dios fue revelado a Samuel, “por la palabra del Señor,” aunque Samuel era sólo un niño; y los oídos de quienes oyeran fueron retiñidos con excitación por las cosas que el Señor iba a hacer (Ahora, si Ud. escucha las cosas que Dios ha hecho en esta generación, sus oídos quizás retiñirán también, al escuchar las cosas que Ud. no sabe al respecto,  por los acontecimientos en su generación en la vida del Hermano Branham.)

 

Dios primero le enseñó a Samuel algo que Elí estaba haciendo mal. Samuel, porque amaba a Elí, no tenía deseos de decirle de su error, pero el sacerdote lo convenció que debiera hablar las palabras del Señor, sin importar a quien lastimara. Así fue, de acuerdo al verso 19, que “Samuel creció, y Jehová estaba con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras.” Si Samuel lo decía, Dios lo hacía. Así que el Señor bendijo al pueblo con su presencia, como dice en el verso 21, “Y Jehová volvió a aparecer en Silo; porque Jehová se manifestó a Samuel en Silo por la palabra de Jehová.” Por las Escrituras, siempre Dios se ha manifestado a sí mismo, revelándose a sí mismo, declarándose a sí mismo, Él lo ha hecho enviando Su Palabra a través de un profeta de Dios.

 

Tampoco Samuel fue sólo un casi aislado de un niño que fue llamado por Dios como profeta. Jeremías 1:4,5 dice, “Vino, pues, Palabra de Jehová a mí, diciendo: Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.” Así el gran profeta Jeremías fue ordenado profeta a las naciones antes que saliera del vientre de su madre. Jeremías dijo, “Y yo dije: ¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño. Y me dijo Jehová: No digas, soy un niño, porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande. No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová. Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca. Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar.”

 

Dios puso en el corazón de la madre de Moisés, cuando Moisés era sólo un niño, que lo apartara como un vaso escogido. Dios lo entrenó en la casa de faraón, y luego lo llevó al desierto, y lo entrenó cuarenta años más, y finalmente lo envió de regreso como el libertador de la nación de Israel. Note que Dios no esperó hasta que Moisés tuviera cincuenta años. Él comenzó a trabajar en la vida de Moisés cuando él era sólo un niño, el día que él nació.

 

Así vemos que los profetas no son hombres que vienen a esta tierra y crecen y hacen tal esfuerzo y sacrificio hacia Dios, o claman, lloran, oran y ayunan hasta que Dios los dota con sus poderes sobrenaturales: pero mas bien son escogidos por Dios desde el vientre de su madre y traídos al lugar donde ellos están tan libres de pecado, que el pecado no puede causar que la Palabra de Dios falle. Entre más separados estén del pecado, más le pueden servir al Dios todopoderoso.

 

Es una necesidad absoluta el escuchar a un profeta enviado por Dios, porque él es la voz de Dios hablando al mundo en el tiempo en que Dios lo envía. Como acabamos de leer, Dios tomó a Jeremías, apenas un niño, y le dijo: “Las palabras que tú hablas no son tus palabras, son Mis palabras, y te he puesto con autoridad sobre las naciones. ¡Si tú dices derriba, Yo derribaré. Si tú dices, edifica, Yo edificaré!” ¿Puede Ud. ver que ésta es la manera provista de Dios? ¿No nos dice el tercer capítulo del libro de los Hechos cuán necesario es, y qué juicio hay sobre aquéllos que fallan en escuchar a los profetas de Dios?

 

Ahora, ¿es posible que Dios envíe un profeta en el siglo veinte? Personalmente, yo creo que lo hizo, cumpliendo Su Palabra. Le doy gracias a Dios por guardar Su Palabra, pues sin ella yo estaría trabajando en denominacionalismo ciego. Estuviera siguiendo las tradiciones de hombres, creyendo ser las doctrinas de Dios. Yo vi que Dios ha hecho estas cosas a través de las edades, y yo vi a Dios haciendo las mismas obras hoy que los profetas hicieron entonces. Yo vi que las Escrituras predijeron que esto iba a acontecer. Fue entonces que yo dije, “¡Hermano, yo veo que eres un profeta de Dios!” Yo no vacilé, porque era una revelación a mi corazón.

 

El 6 de Abril de 1909, una madre de quince años en Kentucky dio a luz a un niño. Ellos le nombraron William Marrion Branham, y en el día que nació había allí una extraña luz, una presencia, dentro de la pequeña cabaña. Una luz entró por la ventana girando, y se posó sobre la cuna. Con razón la gente que lo vio dijo, “¿Qué clase de niño será éste?” Cuando el niño era sólo de seis meses, la protección de Dios sobre él fue demostrada por primera vez. Él y su madre, atrapados en la cabaña mientras su padre estaba en el trabajo, fueron milagrosamente salvos de la muerte. Una gran tormenta de nieve aisló la cabaña, la comida y leña se acabaron, así que la joven madre simplemente se envolvió ella y su niño en toda la ropa de cama que tenía, y fueron a la cama, esperando por el fin. Pero un vecino cercano, por algún fenómeno extraño el cual no pudo explicar por muchos días, se sintió atraído a visitar la pequeña cabaña para ver cómo les iba a sus vecinos. Un día el estímulo vino sobre él tan fuerte, que no fue capaz de resistir; él cruzó los cerros hacia la cabaña y encontró a la madre y al niño moribundos. Rápidamente trajo leña y encendió el fuego, fue de regreso a su casa por alimento, y los restableció a salud nuevamente. Sólo así por una presencia extraña que el hombre no pudo explicar, él fue atraído a venir en esta hora a salvar la vida de este particular niño de seis meses de edad.

 

A la edad de tres años, el Hermano Branham recibió su primera visión. De esta visión, él supo decirle a su madre que aunque ellos vivían en Kentucky entonces, algún día iban a vivir cerca de una ciudad llamada New Albany. No fue mucho después que la familia se fue de Kentucky cruzando el Río Ohio a Indiana y poco después se movieron unas pocas millas al sur de Jeffersonville, Indiana, que está sólo a unas cuantas millas de New Albany, Indiana. La visión se cumplió.

 

 A la edad de siete años, el Hermano Branham tuvo otra extraña experiencia que no fue capaz de entender. Aconteció un día que, mientras ayudaba a su padre, se encontraba pasando debajo de un álamo cuando un extraño viento sacudió las hojas del árbol, aunque no había viento ese día. Él relató que un remolino movió una sección del árbol como del tamaño de un barril, y una voz habló de allí diciendo: “Nunca fumes, tomes o deshonres tu cuerpo, porque cuando seas grande hay un trabajo para ti.” Él no pudo entender el misterioso evento; lo asustó, y corrió hacia su madre. Ella pensó que lo había mordido una culebra, después pensó que quizás estaba teniendo un choque nervioso, así que lo puso en cama y llamó al doctor.

 

A la edad de nueve años, un día mientras jugaba con sus amigos, vio una visión de un puente. Este puente, que no estaba allí, se extendía sobre el Río Ohio desde Louisville hasta Jeffersonville. Él dijo a sus amigos que podía ver el puente y, para su horror, vio una porción del puente caerse, llevándose dieciséis hombres a la muerte. Por supuesto sus amigos dijeron esto por toda la comunidad. Pero veintidós años después ese puente fue edificado a costa de las vidas de dieciséis hombres. El puente está hoy, entre Jefrfersonville y Louisville.

 

Una vez, siendo ya un joven, una muchacha hizo burla de él porque no fumaba, y él trató de fumar para parar la burla. Su testimonio es que mientras él se acercó al cigarro oyó el viento fuerte otra vez, y entre más trató, más fuerte se escuchó, hasta que el fuerte sonido lo asustó. Así que él nunca fumó.

 

En otra ocasión un hombre le ofreció un trago en presencia del joven padre del Hermano Branham, e insistió que lo tomara. Él estaba a punto de tomar el trago, porque su propio padre le llamó afeminado, cuando el viento fuerte vino otra vez. Él podía oírlo, y mientras trató de poner la botella en sus labios, el viento se hizo fuerte hasta que lo asustó y salió corriendo. Él no desobedeció a Dios, no podía, porque Dios tenía un plan para su vida, el cual Él iba a realizarlo.

 

Siendo ya un joven, una vez fue a un carnaval, y allí una adivina, una astróloga, caminó hacia a él y le dijo, “Joven, ¿sabías tú que hay una señal siguiéndote?” Cuán similar al tiempo de Jesús cuando aquel espíritu malo le dijo, “Sabemos quien eres tú, tú eres el Cristo, el Hijo de Dios.” Los sacerdotes y los líderes religiosos, la gente más religiosa en el mundo en el tiempo de Cristo, no le reconocieron, aunque los espíritus malos sí. Así también fue en la vida del Hermano Branham.

 

Cuando el Apóstol Pablo fue a Tiatira a predicar, él no fue bienvenido, sino que fue puesto en prisión, y una joven dijo, “Este es Pablo, quien predica a Cristo a nosotros, el mensaje de salvación.” Allí había un espíritu malo en ella que reconoció quien era Pablo cuando otros le buscaban para perseguirlo. Así fue también en esta generación. Los malos espíritus podían reconocer que había algo diferente acerca del Hermano Branham antes que la gente religiosa del mundo pudiera admitirlo. Muchos todavía no admiten las obras de Dios a través de este hombre. Ellos rehusaron reconocer que allí había algo más allá de lo ordinario. ¿Pudiera ser de que ellos, aunque “religiosos,” ni aún son espirituales?

 

El Hermano Branham casi murió por segunda vez a la edad de catorce años. Balaceado accidentalmente, yaciendo en su propia sangre con parte de su pierna destrozada donde el impacto de la escopeta le había pegado, él tuvo una visión, o experiencia, donde él mismo salió de sí y vio gente en el infierno. Él vio cosas que iban a tomar lugar entre las mujeres del mundo en los sesentas, el uso grotesco del maquillaje y demás. Pero esas estaban en el infierno y le impresionó al comprender que había un lugar como ése. Con todo, él resistió el llamado de Dios en su vida, aunque Dios continuó lidiando con él, porque había una obra para hacer cuando fuera mayor.

 

Él vino al oeste a Phoenix, Arizona, en 1927, a la edad de diecinueve años. Estuvo allí, trabajando en u rancho, cuando recibió la noticia de la muerte de su hermano Edward, él que le seguía. Cuando oyó de la muerte de su hermano, se paró y miró al desierto, y se preguntó a sí mismo si Edward había estado listo para encontrarse con Dios. Luego, mientras regresaba a Jeffersonville para el funeral, le vino una pregunta, “¿Estás listo tú?” Él recordó cómo su padre y su madre lloraron y el gran impacto que esto tuvo en su vida mientras comenzó a pensar de sí mismo. Él estaba siempre conciente de esta voz, esta Presencia que había experimentado desde que era un niño, deseando hablar con él. Lo separó de los otros muchachos de su edad, previniéndolo de su compañerismo porque él habló de cosas raras y que no fumara, tomara, bailara o se divirtiera por allí como ellos lo hacían. Aunque él no podía igualar su vida con la de ellos, aún así no supo cómo rendirse a Dios. Pero mediante la muerte de Edward, el espíritu de Dios continuó estando con él y lo trajo al punto donde él trató de orar. Él no supo cómo, pero amando el bosque, él escribió en un papel, “¡Dios, ayúdame!” Él dejó la nota en un árbol porque él sabía que Dios estaba allí en la naturaleza.

 

Finalmente vino el día cuando él fue a un lugar, se arrodilló, y aunque todavía no sabía cómo orar, clamó con sencillez, eso era suficiente para abrir las ventanas del cielo. Él dijo que fue como si una carga de mil libras había sido quitada de sus hombros. Sin otra manera para expresar su gozo y pesar, él se paró y comenzó a brincar y a correr. Él corrió a su casa y su madre sorprendida le preguntó qué pasaba. “Yo no lo se,” contestó él, “¡Sólo me siento tan liviano!” Él salió de la casa corriendo por el camino, usando la única manera que él sabía para expresar su alegría.

 

Más tarde mientras trabajaba para la compañía de servicios públicos, estuvo expuesto a cierta clase de gas, se envenenó, y se puso muy enfermo. Se tuvo que hacer una operación durante la cual casi perdió la vida otra vez. La situación estuvo grave hasta que un evento sobrenatural aconteció mientras una luz vino y se puso ante él. Los doctores no esperaban que viviera. Cuando sobrevivió, uno de los doctores vino a su cuarto después de la operación y le dijo, “¡Verdaderamente, Dios ha visitado a este muchacho!” El Hermano Branham dijo que en ese tiempo él no supo lo que estaba pasando, pero que si él hubiera sabido entonces lo que aprendió después, él hubiera brincado de la cama regocijado, sano en el Nombre del Señor. Después que dejó al hospital, buscó una experiencia más profunda con Dios, porque comprendió que Dios había hecho una cosa grande por él.

 

En otra ocasión, mientras se arrodillaba en un cuarto chico para orar, una luz vino y formó una cruz. Fue entonces que algo pasó sobre él y experimentó algo maravilloso que nunca había conocido antes. Él una vez me dijo personalmente que sintió cómo llovía sobre su cuerpo. Él supo entonces que Dios lo había bautizado con el Espíritu Santo.

 

Él oyó de un grupo que creía en la imposición de manos para sanidad. En su reunión en la iglesia,, alguien puso las manos sobre él, y fue sano instantáneamente de un problema estomacal que había tenido desde que aspiró el gas.

 

Fue después de esta milagrosa sanidad que él comenzó a predicar. En su primera reunión, hubo bautismos. Fue el 11 de Junio de 1933, que otro evento sobrenatural ocurrió el cual será cubierto en gran detalle en el capítulo 6. Tremendas cosas empezaron a suceder en su vida en 1933, las cuales requerirían un libro entero para relatarse completamente. Pero mientras el Hermano Branham comenzó a predicar y a edificar su iglesia, Dios le dio visiones, y verdaderamente puedo decir que Dios comenzó a revelarse, porque la palabra de Dios estaba viniendo por la vía de “visión con frecuencia.” Así, después de un lapso de siglos, Dios había una vez más visitado a la gente de esta generación a través de un profeta. Él había enviado un profeta, escogido desde el vientre de su madre y había ordenado la vida de este hombre desde su niñez, formándolo como Él lo hizo con los otros hombres de Dios en las Escrituras.


Contenido / Siguiente