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El Angel Aparece

 

El libro de los Hechos registra muchos eventos espirituales los cuales sucedieron a hombres de Dios durante el primer siglo de la Iglesia. El Apóstol Pablo fue uno de esos hombres cuya vida fue tocada constantemente por extrañas experiencias. Aún su conversión, como vemos en el capítulo 6, fue extraña, fue derribado por una Luz más brillante que el sol de mediodía. Así mismo esa extraña Luz fue la que apareció el 11 de Junio de 1933, sobre el Río Ohio, en presencia de cientos de testigos, cuando una voz habló desde ella y le dio al Hermano Branham su comisión. Los capítulos anteriores hablan del extraño nacimiento del Hermano Branham y de muchos de los insólitos acontecimientos, tales como remolinos apareciendo, voces hablándole, y adivinadores diciéndole que había una señal que le seguía. Así también fue con Pablo y el raro fenómeno en su vida por el cual glorificamos a Dios. Piense cuán maravilloso que Dios lidió con Pablo en esta manera, y compare sus experiencias con las del Hermano Branham.

 

Una de las extrañas experiencias de Pablo consistió en una visitación celestial la cual ocurrió cuando él fue enviado a Roma como prisionero, a cargo de un capitán de soldados Romanos. Antes de que embarcaran en Creta, Pablo le dijo al capitán del barco que no deberían de partir. Pero el capitán, siendo un experto en el mar, consideró que él conocía las mareas, condiciones del viento, clima y el mar mejor que Pablo, así que partió de todas maneras. Estaban apenas a pocos días de la isla cuando una furiosa tormenta los azotó. Ellos tiraron los aparejos y descargaron cosas para aligerar el barco que no hundirse y perecer todos. Pablo estuvo en silencio por un tiempo, como leemos en Hechos 27:21,22:

 

Entonces Pablo, como hacía ya mucho que no comíamos, puesto en pie en medio de ellos, dijo: Habría sido por cierto conveniente, oh varones, haber oído, y no zarpar de Creta tan sólo para recibir este perjuicio y pérdida.

Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave.

 

Ud. tendrá que admitir que ésta fue una muy extraña declaración de un hombre, en sí mismo un prisionero, hacerla a aquéllos a cargo de la nave. Cuando cada uno estaba temiendo por sus vidas, estaba diciéndoles que debieron escucharle, pero ahora deberían tener buen ánimo, pues ninguno perecería, mas la nave se perdería. ¿Sobre qué autoridad pudo un hombre como Pablo, un prisionero, hablar tal declaración? Verso 23 dice:

 

Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo,

Diciendo: Pablo, no temas; (Note que el ser angelical primero calmó el temor del hombre, Pablo, diciéndole que no temiera.) es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo.

Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho.

 

Ahora, ¿por qué habló Pablo con tal autoridad? Fue porque Dios envió un ángel para estar ante él y Pablo habló las palabras que este ángel le dijo. Siendo que el ángel era un mensajero de Dios, Pablo podía decir, “Así dice Dios.” Ud. sabe cómo terminó la historia. La nave se perdió, aunque ellos trataron de salvarla de muchas formas. Una vez, iban a matar a los prisioneros para que no escaparan, y Pablo se los impidió. Los marineros trataron de huir y apartarse del resto de ellos, y Pablo le dijo al capitán que no los dejara hacer eso tampoco. Pablo sabía que Dios tenía una manera para salvarlos, pues se le había dicho que no habría pérdida de vidas. Ve Ud. ¡cuán importante es el guardar la Palabra de Dios! Si Dios envió un ángel para decirle a Pablo cómo hacerlo, esa era la manera que debería de hacerse. Pablo no podía cambiarlo. El capitán no podía cambiarlo. El militar no podía cambiarlo. Tenía que ser exactamente como el ángel de Dios dijo a Pablo. Ahora leyendo esta historia, nos regocijamos en nuestros corazones respecto al ángel que le apareció a Pablo, pero yo quiero testificar de un ángel que le apareció a un hombre de Dios en este siglo veinte.

Después de la extraña niñez del Hermano Branham, y después de su conversión, los años pasaron, y él sirvió a Dios lo mejor que pudo de acuerdo a su habilitad como Pastor y obrero en el reino de Dios. Él tuvo un trabajo de guardián de cacería en Indiana. Era el principio de un tremendo cambio en su vida y ministerio, que ocurrió el 7 de Mayo de 1946. Comenzó cuando él iba a un viaje de cacería con un amigo, precisamente mientras caminaba bajo un árbol de arce en frente del jardín de su casa, en la calle Octava en Jeffersonville, Indiana. Mientras pasaba bajo el árbol, él relata que un fuerte y poderoso viento vino sobre el árbol. Pegó en la parte alta del árbol y le pareció que el árbol sería destrozado. El tremendo impacto lo hizo a él tambalearse. Su esposa y otros corrieron donde él, pensando que había sido herido. Él se volvió a ella y le dijo estas palabras, “Por más de veinte años no he sido capaz de entender este misterio, este extraño sentir en mí. Yo no puedo seguir así. ¡Tengo que encontrar la respuesta! ¿Es esto de Dios? ¿De qué se trata todo esto?” Él le dijo que se iba a ir, que la dejaría a ella y a los niños para buscar a Dios con su Biblia en oración y que él encontraría la respuesta o ya no iba a regresar. (Su sermón de Desesperación habla de cómo uno tiene que desesperarse en el deseo por tener a Dios reinando en su vida.) Piense cuan angustiado debía de haber estado en esta hora para decirle a su esposa que no regresaría sin una respuesta de Dios. Yo pienso en eso como practicando lo que él predicó. Qué difícil para un hombre decidir hacer eso. Qué dedicación a Dios: conocerle o morir. Ojalá que así sea en todas nuestras vidas.

 

Habiendo hecho su decisión y declarado sus intenciones, el Hermano Branham se fue sólo a buscar a Dios en un lugar secreto, determinado a conocer la respuesta y a encontrar paz en su corazón respecto a éste extraño sentir y esas manifestaciones. Escondiéndose de todos se fue a un lugar secreto para orar donde no pudiera ser molestado, se humilló a si mismo sobre su rostro postrándose delante de Dios. Ahora en el libro Un Hombre Enviado De Dios se hace mención (como el mismo Hermano Branham frecuentemente declaró) que él estaba en la cabaña en Green’s Mill. Esa cabaña ya no existe; se ha deteriorado y podrido hasta el piso. El Hermano Branham, hablando en la cinta La Historia De Mi Vida no mencionó todos los detalles pequeños, como se lo dijo a su esposa e hijos, y como me dijo a mí personalmente; pero a donde él fue esa noche, aunque estaba en la cabaña del guarda bosques, fue en una pequeña cueva cerca de la cabaña. Dios, de alguna manera o de otra manera en la juventud del Hermano Branham, lo guió a una cueva de la cual él ha hablado constantemente en sus últimas cintas y donde él dice que ningún hombre podría encontrarla. La cueva está amueblada por la naturaleza como para su mismo uso propio, pues en el interior hay una roca redonda con la forma de mesa, una roca en forma de silla, y también un lugar para un hombre para acostarse y dormir. Él no puso nada de esto allí, simplemente ya estaban allí. A mi entender, la única persona que alguna vez ha estado en esta cueva aparte del Hermano Branham fue su esposa, la Hermana Meda. Él una vez la llevó allá. Ha habido hombres que han pasado cinco o seis días en esos bosques en busca de ella, y su ubicación aún permanece en secreto. Pero el Hermano Branham me dijo a mí que él estaba en la cueva cuando el ángel se le apareció. Espero que esto no sea una piedra de tropiezo para alguien, porque el Hermano Branham dijo, “en la cabaña del guardabosques,” y porque él menciona la palabra “piso,” y mirando fuera de la “ventana,” que él tenía que haber estado dentro de la cabaña. Siendo que nadie ha visto la cueva, no sabemos cómo se mira, excepto por la descripción. Pero él me dijo que estaba en la cueva cuando el ángel se le apareció el 7 de Mayo de 1946. Así como en 1964, cuando le dije, “Señor, percibo que tú eres un profeta,” él dijo, “Hermano Pearry, yo no digo nada al respecto en público, porque la gente no entiende lo que es un profeta.” Yo estoy seguro que él no mencionó la cueva tanto cuando comenzó su ministerio, que como lo hizo después, porque no quiso explicarlo a todos. Él hubiera podido decir que estaba en la cabaña del guarda bosques, siendo que estaba en esa localidad, eso hubiera sido suficiente, porque no estaba dispuesto a decirle a nadie donde estaba la cueva de todos modos.

 

El Hermano Branham permaneció postrado sobre su rostro en la cueva delante de Dios. Cuando él oraba con su corazón en sinceridad, pidiéndole a Dios, dice que se sentó y esperó por la respuesta. Él sólo estaba sentado, esperando en Dios que contestara. ¿Cuántas veces hemos oído decir, “los qué esperan en Jehová…”? A menudo cuando oramos, nosotros hacemos la parte, y tan pronto que acabamos de hablar, nos levantamos y nos vamos. Él dijo que el secreto después de orar es tener paciencia para esperar hasta que Dios decida contestarnos. Eso es, si usted cree que Dios le ha escuchado, entonces espere por la respuesta. El Hermano Branham se había encomendado a la voluntad de Dios en su vida. Era como a la onceava hora que miró una luz tenue aparecer delante de él. Miró arriba y se levantó para moverse hacia esta luz y allí colgaba esa gran estrella. No tenía cinco puntas como una estrella, pero más bien se miraba como una bola de fuego. Luego, escuchó pasos, y un hombre de gran estatura se acercó a él. El hombre pesaba quizás doscientas libras, tenía piel oscura, sin barba, con cabello hasta los hombros. Cuando el hombre le miró, el Hermano Branham se puso muy temeroso, pero el extranjero lo miró en una manera amable y comenzó a hablar. Así como un ángel se paró ante Pablo y le dio instrucciones, así este ángel se paró ante el Hermano Branham y lo instruyó. Yo he puesto estas instrucciones aquí en siete categorías:

 

“¡No temas!” Dijo el ángel, poniendo al Hermano Branham tranquilo, y continuó, diciendo, “Yo soy un mensajero enviado a ti desde la presencia del Dios Todopoderoso.” Esa fue la primera frase, calmado todo temor e identificándose a si mismo.

En la segunda fase, le habló al Hermano Branham acerca de su vida, diciendo, “Quiero que sepas que tu vida extraña ha sido para un propósito preparándote para hacer un trabajo que Dios te ha ordenado a hacer desde tu nacimiento.”

Tercera pase: el ángel le dijo que habría requisitos que él tenía que llenar y guardar. Él dijo, “Si tú eres sincero, y puedes hacer que la gente te crea…” Y luego fue a la cuarta fase; los resultados:

Él dijo, “¡…nada se interpondrá ante tus oraciones, ni aún el cáncer!”

 

Ahora noten las palabras del ángel hasta hoy. Él puso al  Hermano Branham en calma y se identificó a sí mismo. Le dijo que sabía acerca de su vida pasada y el propósito. Él también le dijo que tenía que ser sincero, y que la gente tenía que creerle. Quiero decir esto en mis propias palabras: Si un ángel de Dios le dice al Hermano Branham que él tiene que ser sincero, ¿cuánto más se nos ha dicho que seamos sinceros? También era importante que él hiciera a la gente creer, por lo tanto, si usted no cree que el Hermano Branham fue el profeta de Dios para esta edad, entonces su mensaje y su ministerio no fueron para Ud.

 

La quinta fase del mensaje del ángel fue una advertencia a la gente de que confesaran sus pecados antes de que vinieran delante de este hombre de Dios, y que él le iba a decir a la gente que sus pensamientos hablaban más fuerte que sus palabras delante del trono de Dios. Esta fue una advertencia para todo humano.

 

Después, el ángel entró a la sexta fase y le dijo al Hermano Branham cosas concernientes a su vida y su futuro ministerio. Se le dijo que predicaría ante multitudes por todo el mundo, que se pararía y llenaría auditorios, y que muchos serían rechazados por falta de lugar. Su iglesia en Jeffersonville vendría a ser un lugar céntrico a donde se reuniría gente de todo el mundo, buscando sus oraciones para su liberación. (Recuerde, el Hermano Branham era un indocto, odiado, joven rechazado en esa ciudad. Había ocasiones, por causa de la vida de su padre, que al caminar por la calle la gente se cruzaba al otro lado para no caminar cerca de un Branham. Ellos fueron tan pobres que él no tenía ni una camisa para ir a la escuela, así que usaba su abrigo y lo abrochaba hasta arriba. Un día, cuando tenía ocho años, quiso escribir un poema que vino a su mente y tuvo que pedir un lápiz y un pedazo de papel prestado de un compañero. Él no tenía nada propio. Sin embargo, aquí estaba un ángel de Dios parado diciéndole de un fabuloso ministerio por venir. La Hermana Branham me dice que cuando él vino a casa le dijo esto, y cuando recibió su llamado a su primera reunión en St. Louis, Missouri, que ella tuvo que tomar sus camisas blancas, quitar los cuellos gastados y voltearlos al revés, era tan pobre que no podía comprarse una camisa nueva. Él ni si quiera tuvo pijamas y ellos le dieron unas en St. Louis. Él vino a casa con ellas, muy orgulloso, pues nunca había sido dueño de unas en su vida.) Pero, aquí estaba un ángel de Dios diciéndole, “Predicarás ante multitudes, y miles alrededor del mundo vendrán a ti por oración y consejo.” No solo eso, pero el ángel continuó diciendo, “Tú orarás por reyes, gobernantes, y potentados.” Se pregunta Ud., “¿Sucedió esto?” Veamos si sucedió.

 

El Hermano Branham regresó a su pequeño tabernáculo la siguiente semana, y los ancianos le contarían de un joven sincero que hablaba sin una duda en su mente relatándoles lo que el ángel le había dicho, “Habrá miles que vendrán aquí, y se amontonarán. Usted no encontrará asiento a menos que sea sincero con Dios y venga temprano.” La gente de la ciudad, personas educadas, observándolo le dijeron, “Bueno, Billy Branham, ellos nunca harán eso.” ¿Pero lo hicieron? En los expedientes del Hermano Branham hay una carta del recién fallecido Rey Jorge VI de Inglaterra, agradeciéndole por acudir a él cuando el rey pidió oración, y sanó de una enfermedad en una pierna. También un día en una reunión, un congresista conocido, miembro del congreso de los Estados Unidos por años, confinado a una silla de ruedas, estaba sentado atrás en el pasillo del auditorio mientras el Hermano Branham estaba predicando su mensaje de fe y sanidad. Como Pablo en el libro de Los Hechos, paró su sermón, miró hacia este hombre y dijo, “Señor, veo que Ud. tiene fe para sanar. Levántese y camine sin esa silla de ruedas.” Y el Congresista Upshaw, quien había estado confinado a la silla de ruedas por más de 60 años, se puso de pie y caminó por el pasillo, alabando a Dios. Regresó a Washington, D.C., se paró en los escalones del Capitolio, y declaró a William Marrion Branham ser un profeta de Dios del siglo veinte. Fielmente, mientras vivió, el congresista envió al Hermano Branham un sombrero Stetson para Navidad cada año. En contraste, hubo otra gente en el mundo que lo rechazó como a un desconocido. Simplemente no escuchaban, o no podían oír.

 

La sanidad del Congresista Upshaw fue publicada por selecciones del Reader’s Digest. ¿No es esto interesante que dos maravillosos artículos de sanidad como éstos en la vida y el ministerio del Hermano Branham fueran publicados por la revista de mayor circulación en el mundo después de la Biblia, Reader’s Digest? La gente dice, “Lo leí en el Reader’s Digest,” de la misma manera que otros pudieran hablar de la Biblia. Era nada menos que Dios ordenándolo para que el mundo pudiera saber que había enviado un profeta. Si tan solo hubieran escuchado.

 

El Hermano Branham tuvo la oportunidad de visitar al Papa Pío XII cuando estuvo en Roma. Se le instruyó en lo que tendría que hacer para ganar una audiencia con este potentado, cómo acercarse al Papa y que debería de besar el anillo. Esto fue demasiado para el Hermano Branham, dijo, “Olviden la entrevista. Yo no haré eso a ningún hombre sino a mi Señor y Salvador.” Aquí me interpongo yo, y tomo los resultados de persecución que vendrán: me pregunto, cuando Billy Graham vio al Papa, ¿besó su anillo? Cuando el Presidente de los Estados Unidos fue allá, ¿besó su anillo? [Pero] Ud. nunca tendrá un profeta que lo haga. Mire la historia del horno ardiente en el libro de Daniel en el Antiguo Testamento; los hebreos rehusaron postrarse a la imagen. Esta era una imagen, de acuerdo a la palabra del profeta, ¡de un hombre santo!

 

La séptima fase del mensaje del ángel consistió en las diferentes etapas del ministerio del Hermano Branham. Algunas personas se refieren a éstas como la primera y segunda señal. Pero el Hermano Branham habló de ellas como los “tres jalones.” (Como los jalones que el pescador hace para atraer al pez, poniendo el anzuelo, y agarrando al pescado.) El ángel dijo que, bajo la unción, él sería capaz de tomar a la gente de la mano y el espíritu de enfermedad en esa persona causaría tal conmoción y resentimiento cuando hiciera contacto con su espíritu, que él sería capaz de sentir la vibración físicamente en su mano. Diciéndole a la gente cual era la enfermedad, inspiraría la fe de la audiencia, y ellos también creerían. Para mostrar que esto es Escritural, Ud. debiera leer Éxodo el capítulo 4, versos 1 al 8, donde habla de la señal en la mano que Dios primero dio a Moisés. Moisés tenía que poner su mano en su seno, y se llenaba de lepra mientras la sacaba. Y al poner su mano otra vez en su seno se pondría normal. La señal en la mano del Hermano Branham le fue dada, así como a Moisés, para inspirar la fe de la gente, para hacerles reconocer que aquí estaba un hombre enviado de Dios.

 

Cuando por primera vez vi al Hermano Branham, ésta era la fase de su ministerio, el “jalón,” manifestándose. Cuando venían ante él, a menos que pudiera ver visiblemente su dolencia, como ceguera, lisiados, o parálisis, él los tomaba de la mano y, si tenían pecado en su vida, les decía primero su pecado. Eso si ese pecado no había sido confesado ya y puesto bajo la sangre de Jesucristo. Él les advertía, “Confiesen sus pecados antes de venir.” Un demonio al cual siempre reprendió fue el del cigarro, tabaco. Él reconoció en ese tiempo, antes que la Asociación Médica Americana y el Departamento de Salud, Educación y Drogas lo supieran, que el cigarro causaba cáncer. Él pudo ver y conocer el espíritu de tal cosa, y lo denunció allá atrás en los cuarentas. Eso sucedió antes que las mujeres realmente comenzaran a fumar. En ese entonces no se miraban muchas mujeres fumando. Ud. nunca vio un anuncio en revistas de mujeres fumando. Pero después que la industria de tabaco tuvo a todos los hombres, comenzaron a hacerlo popular entre las mujeres para fumar, y ahora la industria también las muestra con puros y pipas. Ellos han alentado la avanzada degradación de la mujer haciéndola ver fascinante y deseable, tanto que beber como para fumar. Hoy día Ud. no ve un anuncio mostrando los productos de la industria del licor sin que haya una mujer allí. Así como las mujeres se han deteriorado, así la iglesia se ha deteriorado. Las mujeres son tipo de la Iglesia. No hay manera que el hombre pueda prevenirlo. Será exactamente como el ángel le dijo al Hermano Branham en 1946. Así como el ángel instruyó a Pablo y sucedió como se le dijo, así será con el mensaje de este ángel, porque vino de Dios a un profeta de esta generación.

 

La segunda señal, o “jalón,” iba a ser el conocer los secretos del corazón. Sería capaz de hablar con la gente y así sabría sus nombres y otras cosas acerca de ellos. (Recuerde, la palabra de Dios es más filosa que una espada de dos filos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.) La gente comenzó a ver esta manifestación a fines de los cincuenta y principio de los sesenta en el ministerio del Hermano Branham. Visiones subsiguientes y acontecimientos en los últimos meses de su vida, le revelaron el propósito de la primera señal. Era el descubrir y manifestar a todos los imitadores. Y así fue, algunos vinieron con la señal en su mano izquierda, otros en su mano derecha, otros con una punzada en su codo, algunos en el espinazo, y otros lo sentirían en el oído derecho. Todo fue para mostrar que había tipos como Janes y Jambres aún en esta generación, porque ellos lo hicieron por ganancia deshonesta, y sin ninguna preocupación por el pueblo o por la Palabra de Dios. Jesús dijo, “Yo no puedo hacer nada hasta que me lo enseñe mi Padre.” La gente vino al Hermano Branham y dijo, “Ore por mí; Dios le ha dado a Ud. la autoridad.” Él respondió, “Sí, yo tengo la autoridad, pero no tengo el mandamiento.” Él no lo hacía hasta que Dios se lo mostrara. Gracias a Dios por uno que se quedó con la Palabra.

 

Cuando el segundo jalón comenzó, discerniendo los pensamientos y las intenciones del corazón, vino una nueva cosecha de evangelistas, y  ellos también podían decir los secretos del corazón y decir, “Así dice el Señor.” No hay espacio para decirlo todo, pero para entenderlo por completo, de acuerdo a la revelación del Espíritu Santo y la luz de la Palabra de Dios, puedo encontrarlo en el mensaje del Hermano Branham, Los Ungidos Del Tiempo Del Fin. Es una unción genuina del Espíritu Santo, pero son vasos falsos. Ud. se pregunta, ¿dónde está eso en la Biblia? Mateo 7 dice que habrá aquéllos que digan, “Señor, Señor, ¿no echamos fuera demonios en tu nombre, y levantamos muertos, y sanamos al enfermo?” Pero, Jesús les contestó, “Apartaos de mí, obradores de iniquidad, yo nunca os conocí.” Hubo personas que vinieron haciendo señales y maravillas, y si hubiera sido posible hubieran engañado al mismo elegido. ¿Por qué? Porque ellos tuvieron las señales, pero no tuvieron la Palabra de Dios para traerla al cuerpo de la Novia.

 

El Hermano Branham tuvo una visión donde estaba tratando de poner una cinta grande en un zapato de niño y no pudo hacerlo porque la cinta era más grande que el ojal del zapato. En la segunda parte de esta visión, estaba pescando y comenzó a enseñar a otros cómo pescar. Esto después fue interpretado diciendo que cuando él vino con la señal en su mano había tratado de explicarlo a la gente. El Espíritu del Señor le habló y le dijo, “Tú no puedes enseñar cosas espirituales a niños Pentecostales.” Esto fue cuando él estaba tratando de poner esta gran cinta en el ojal del zapato y cuando trató de enseñar a otros predicadores cómo hacer la misma cosa que él estaba haciendo.

 

Pero vendría el tercer jalón, y Dios le dijo cuando se lo reveló, “¡Guarda este secreto en tu corazón!” El Hermano Branham comentó, “Cuando me vaya, yo tendré este secreto encerrado en mi corazón.” El tercer jalón, la fase final de su ministerio; él dijo, “Esta será la cosa que llevará a la Novia en el Rapto.”


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