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La Nube

 

Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas;

Desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas.

Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria.

Lucas 21:25-27

 

En estos versos de las Escrituras han sido leídos por cientos de años. Siempre en los pensamientos de los hombres la aparición de nubes y la aparición de Jesucristo han sido relacionadas. Aún los teólogos letrados que creen en el retorno del Señor a la tierra, para tomar Su Novia, se han formado esta conexión en sus mentes. Sin embargo estos mismos teólogos pudieran perder Su segunda venida porque, aunque se les han dado “ojos para ver, y oídos para oír,” ellos rehusaron usarlos para detectar esas cosas las cuales Dios ha prometido en Su Palabra que precederían la segunda venida de Cristo.

 

Mateo 24, comenzando en el verso 23, es también un testigo de esos días antes de la venida de Jesucristo:

 

Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis.

Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos.

 

(Note que Jesús no dijo “falsos Jesúses,” sino “falsos ungidos[1],” aquellos con un ungimiento genuino, pero hablando eso que no es verdad, voceros falsos.)

 

Jesús estaba advirtiendo del engaño en la segunda venida, pero Él prometió que los elegidos no serían engañados, cuyos nombres fueron escritos en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo, y ellos son predestinados para ser conforme a la imagen de Jesucristo. Y a los que Él predestino, Él también los llamó y justificó, y Él también los glorificó. Jesús dijo sin embargo que se levantarían aquéllos de quienes la gente diría, “¡Aquí está un ungido! ¡Aquí está uno que tiene la Palabra!” En Mateo 24:25, Él continúa:

 

Ya os lo he dicho antes.

Así que, si os dijeren: Mirad, está en el desierto (algún lugar de aislamiento), no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis.

 

Hoy en día, existen entre las denominaciones aquéllos quienes prefieren creer a un credo denominacional, un dogma o doctrina, que a la Palabra. Ellos cumplen esta Escritura, pues dicen, “Aquí está la Palabra. Aquí está la unción. Nosotros miembros del concilio, los líderes, nos hemos reunido en privado, buscando al Señor. Y ahora venimos a decirles que ésta es la Palabra.” Ellos buscan revelación privada y es impuesta sobre sus seguidores. Recuerde, Él es la Palabra. “En el principio era la Palabra, y la Palabra era con Dios, y la Palabra era Dios, … y la Palabra fue hecha carne y habitó entre nosotros.”

 

Sin revelación, ellos interpretan la Escritura, como Mateo 24:27:

 

Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre.

 

De esta Escritura, ellos esperan que Jesucristo resplandezca a través de los cielos, gritando su regreso para tomar Su Novia. Esos que enseñan así, olvidan la Escritura donde Él claramente dice que Su regreso será “como ladrón en la noche.”

 

Mire la civilización; ha avanzado desde el Este hacia el Oeste. Mire la Cristiandad; ha avanzado del Este hacia el Oeste. Mire el sol; se levanta en el Este, y se pone en el Oeste. En el Capítulo 10, se establece que Dios comenzó el mensaje de cada mensajero a cada edad de la iglesia en el Este, y el último mensajero apareció en el Oeste, trayendo los misterios de Dios a consumación, como fue dicho en Apocalipsis 10:7. Por lo tanto, si hechos sobrenaturales debieran aparecer a la gente viviendo en los últimos días antes de la venida del Señor, estos prodigios ocurrirán en el Oeste. Pues, “como el relámpago sale del Este… hasta el Occidente,” así Jesucristo se ha revelado a sí mismo desde el Este al Occidente a través de estos siete mensajeros. Mientras cada uno trajo su mensaje, así la revelación procedió, se extendió con cada uno: Lucero, que trajo justificación; Wesley, santificación; los Pentecostales, derramamiento del Espíritu Santo al comienzo de la Edad de Laodicea; y ahora en el cumplimiento con este mensaje a la Novia donde estos misterios han sido hablados por este mensajero y aún los sellos han sido abiertos.

 

Mateo 24:28:

 

Porque dondequiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas.

 

Por eso Sus ángeles reunirán las águilas, esas viviendo en esta edad, la edad de las águilas. Águilas comen carne fresca, no del “vómito” que llenará todas las “mesas” denominacionales, (Isaías 28:8), sino por la carne fresca de la Palabra. Eso es donde las águilas se reunirán. Así como esta Palabra viene, así también la gente que la cree se junta, mientras Dios lo llama.

 

Mateo 24:29-30:

 

E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas.

 

Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.

 

Otra referencia de la venida del Hijo del Hombre, en Daniel 7:13:

 

Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre…

 

Aún Daniel del Antiguo Testamento testifica de la venida del Hijo del Hombre, relacionándola con nubes. Así mismo, Jesús, cada vez que Él habló de Su segunda venida, habló de nubes.

 

En Arizona, la Cámara de Comercio proclama que, en ochenta y cinco por ciento del tiempo, no hay nubes en el cielo. Pero el 28 de Febrero de 1963, una extraordinaria nube apareció en los cielos de Arizona, la cual fue captada, en completo con una foto, en un artículo escrito por el Dr. James McDonald, profesor de Físicas Atmosféricas en la Universidad de Arizona en la revista Ciencia, el 19 de Abril de 1963. Se le pidió a la gente que enviaran cualquier fotografía disponible u otra información que pudiera dar luz al origen de esta nube. ¿Por qué el interés en una nube? Simplemente por causa de su fenomenal tamaño y altitud, siendo veintiséis millas de altura (calculado por trigonometría de ochenta fotógrafos diferentes), cincuenta millas de largo y treinta millas de ancho. Reportes llegaron de doscientas ochenta millas de lejos en una dirección y muchas otras direcciones desde más de cien millas de distancia. El magnífico espectáculo de esta nube permaneció iluminado por la luz del sol veintiocho minutos después de la puesta. Sobre la atmósfera, encima del cielo de vuelo de líneas aéreas, más allá de donde la humedad puede formarse y condensar, e imposible de haber sido originada por un cohete por la masa de humedad que hubiera necesitado tener, la gran nube permanece como un enigma científico.

 

Los editores de la revista Life se encontraron con este artículo en Ciencia, y el 17 de Mayo de 1963 (el mismo mes y día, de acuerdo a las Escrituras, que Noé entró al arca), publicaron una foto de la nube con esta descripción, “¡Una nube que está tan alta, y demasiado grande para ser verdadera, mas sin embargo, aquí está una fotografía de ella!” Supe de la nube por primera vez por esta edición de Life. Pensando en el pasado, comprendo que el artículo era interesante, mas aún así no le puse un significado especial a ello. Un ministro del evangelio completo, lleno con el Espíritu Santo, yo creía que era un miembro de la Novia de Cristo, pero no estaba lo suficiente espiritual entonces para percibir que Jesucristo había dicho que Su regreso sería acompañado por nubes. Cuan humillante, es mirar atrás,, y entender que yo no había ligado el significado sobrenatural a aquello que no podía ser explicado en lo natural por la ciencia. No fue hasta 1964 que escuché la verdad de los eventos sobresalientes que ocurrieron cuando esta nube apareció sobre Arizona.

 

El 22 de Diciembre de 1962, dos meses antes que la nube apareciera el Hermano Branham recibió una visión mientras estaba sentado en su estudio en Jeffersonville, Indiana, una de las miles de visiones que él había recibido en su vida. El 23 de Diciembre de 1962, él relató esta visión a su congregación en el Tabernáculo Branham, en Jeffersonville. Sus palabras fueron oídas por aproximadamente seiscientas personas presentes esa noche, y grabadas en cinta mientras predicó su sermón titulado Señores, ¿Es Este El Tiempo? Él dijo cómo en la visión estaba al lado de una montaña, quitándose una espina de la pierna del pantalón, cuando de repente fue sacudido por una poderosa explosión, luego lo visitaron siete ángeles. Él dijo a la congregación que no sabía el significado de esta visión. La visión le turbó demasiado, y en las semanas que siguieron él mencionó a otros que quizás el propósito de Dios en su vida se había cumplido y que iba a morir en una explosión. Él se imaginó que estos ángeles iban a llevar su cuerpo como fue hecho con Moisés.

 

Poco después de esta experiencia de la visión, se mudó con su familia a Tucson, Arizona, y se estableció allí. Él predicó algunos sermones y comenzó a imponerse al estilo de vida del desierto, pero aún la visión lo inquietaba. ¿Estaba próximo su tiempo para morir? ¿Cuándo sería?

 

Fiel a su naturaleza como hombre de campo y cazador, se encontró a sí mismo gozando de un deporte favorito del área, la cacería del cerdo salvaje conocido como jabalí. Fue durante uno de esos viajes de caza que la perturbadora visión se cumplió.

 

En la cacería del cerdo salvaje en 1963. en la mañana el Hermano Branham había salido del campamento a ayudar a sus hermanos y amigos cazadores, los Hermanos Fred Sothmann y Eugene Norman, a localizar los evasivos jabalíes. Como de costumbre, él ya había tenido éxito en la caza de este animal. Se subió a una loma habiendo dirigido a los otros en los senderos que deberían tomar para encontrar una manada de cerdos, los cuales había visto previamente y los forzaría a ir hacia ellos. Descansando sobre la loma por un momento, notó que había una espina en la pierna de su pantalón. Cuando se agachó para quitarla, la espantosa verdad lo sacudió; él estaba en la visión. Ahora era el tiempo. Una explosión sacudió la montaña y la tierra se estremeció debajo de él, brincó y se paró, no sabiendo lo que había sucedido o qué esperar en seguida. Allá, en el cielo sobre él, aparecieron siete pequeños puntos, como aviones. En menos de un parpadeo más tarde estos puntos se materializaron delante de él, una pirámide de ángeles con un ángel poderoso arriba, y tres ángeles pequeños abajo a cada lado. Así como Pablo relató que fue llevado al tercer cielo, también el Hermano Branham dijo que él fue “arrebatado” en medio de esta constelación angelical. Fue en este tiempo que se le fue dada la comisión: “¡regresa al Este de donde viniste y por revelación y visión, Dios abrirá los siete sellos que han estado sellados en misterio desde que Juan el Revelador los escribió en el libro de Apocalipsis!”

 

Los hermanos que estaban con él sabían de la visión y ellos experimentaron el sacudimiento de la montaña, pero, a mi conocimiento, no estaban enterados de la presencia de los ángeles. El Hermano Branham les encargó en ese tiempo no decir a nadie lo que habían visto y oído.

 

Dejando Tucson, el 13 de Marzo de 1963, él regresó a Jeffersonville. Desde el 17 al 24 de Marzo comenzó las más sobresalientes e ilustrativa series de sermones jamás conocidos en la iglesia. Tomando un sello cada noche, él, por la directa inspiración y revelación del Espíritu Santo cada día, predicó los misterios de Dios, los cuales Dios había prometido a Daniel que no se revelarían hasta el tiempo del fin y lo cual se le había dicho también a Juan el Revelador que estarían sellados hasta el tiempo del fin. Este era ese tiempo del fin hablado en las Escrituras, y Dios habló a través de Su profeta como siempre lo ha hecho, pero esta vez la palabra vino en forma de revelación cual nunca antes había sido hablada a hombre alguno. A la Novia se le había mostrado que muchas de las cosas que estaban esperando ya habían acontecido. Ya era el tiempo para que la Novia se “aparejara.”

 

Siete días antes de que los siete ángeles le aparecieran al Hermano Branham, apareció la misteriosa, científica y desconcertadora nube en el cielo. Quizás sea difícil para algunas personas creerlo, ¿mas no dice en las Escrituras en muchos lugares que cuando el Hijo del Hombre sea revelado, cuando Él aparezca, habrá nubes?

 

Si examina la fotografía de la nube, Ud. puede ver el rostro del Señor Jesucristo en ella, mirando al Este, con cabello como lana, como Juan el Revelador lo vio. Él apareció no como un hombre joven como era cuando fue colgado en la cruz a la edad de treinta y tres años, pero sí como el Juez del mundo.

 

Desde la distribución de las fotos de esta nube, mucha gente ha escrito artículos al respecto. El profesor McDonald escribió otro artículo en la revista Watherwise, donde proyectó la teoría de que la nube posiblemente pudo haber sido causada por la explosión de un cohete de las fuerzas armadas allá sobre el Pacífico ese día. Pero sucedió, no obstante, que los sonidos del viento ese día estaban perfectos en todas las posiciones estratégicas, y mediante análisis de esta información, no reveló ningún viento de tal velocidad para transportar los restos y humedad de ese cohete desde el punto de la explosión, casi quinientas millas fuera del mar, a una posición directamente sobre Flagstaff, Arizona.

 

El hecho permanece en ellos desde aquel entonces, y hasta hoy, no han podido encontrar una explicación científica para la nube. Creyentes en el mensaje del Hermano Branham, no obstante, deseosos de obtener la mayor información posible acerca de la nube, comenzaron a escribir a este profesor, pidiéndole información. Finalmente él se molestó demandando la razón por el significado espiritual ligado a la nube. Él hizo la pregunta a uno de los creyentes que había llegado a su oficina un día. El hombre lo dirigió a mí; así que poco después recibí una llamada de este profesor. Él indagó de mi interés en la nube. Yo contesté que simplemente creía que esto era el cumplimiento de la Escritura, y que siendo un ministro que estaba esperando la venida del Señor, y siendo que no había explicación científica, tenía que ser un suceso sobrenatural. La imposibilidad científica era muy evidente, requiriendo toneladas de agua dispersas sobre la atmósfera. (¿No es extraño que en el día de Noé, los científicos trataron de probar que no había agua en el cielo, y hoy ellos tratan de probar que hay agua?)

 

“¿Quién es este William Branham?” me preguntó. (Alguien, parecía haber mencionado el nombre del Hermano Branham en conexión con la nube.)

 

Me detuve para no contarle a él todo lo que yo sabía, a causa de las instrucciones del Hermano Branham a los hermanos de no hablar acerca de la nube, puesto que no lo iban a aceptar. Pero como él me presionó, yo le dije que el Hermano Branham era un hombre de Dios que nosotros creíamos que era un profeta.

 

“¿Qué de esta visión que él tuvo?” preguntó.

Yo le dije la visión y él relató de nuestra explicación de la nube. A esto respondió, “¡Ud. sabe que yo no puedo aceptar esa explicación!”

“No Señor,” respondí yo. “Yo no esperé que lo aceptara, pero Ud. dice que no hay explicación de la nube…”

“Absolutamente no hay explicación,” interrumpió él.

“Señor,” continué yo, “¡Quizás Ud. no tenga una pero yo sí, y yo creo la mía!”

 

El asunto no terminó con esta entrevista, pues un reportero del periódico pronto entró a la escena, buscando una historia para su periódico. Él entrevistó al Dr. McDonald, luego a mí, y continuó en su búsqueda al hablar con los hermanos Norman y Sothmann. Él hizo un trato conmigo de dejarme revisar su artículo antes de su publicación. Parecía que ésta era una ocasión en que los verdaderos hechos pudieran ser revelados, favorablemente para el Hermano Branham y espiritualmente para un avivamiento. Por ejemplo, en el artículo original él había escrito “Branham sanó miles.” Yole dije que cambiara esto para que dijera, “El Hermano Branham oró por miles y Dios los sanó”

 

Increíblemente, este reportero es ahora un creyente de este mensaje. Él creyó que ésta fue una visitación de Dios, que éste fue cumplimiento de las Escrituras en este día. Cuánto prueba esto el poder de la Palabra. No juegue con ella si Ud. no quiere creerla. Si la escucha bastante y hay vida allí, aunque Ud. quizás sea una de esas semillas tercas que toman largo tiempo para brotar, con todo Ud. vendrá a vida eventualmente cuando la luz le llegue.

 

El artículo del reportero fue publicado en su periódico, el cual tuvo una circulación de doscientos cincuenta mil ejemplares, pero, desafortunadamente. El artículo fue sujeto a una edición adicional después que dejó su escritorio. Como resultado, se incluyeron errores los cuales el Profesor McDonald encontró ofensivos. Él estaba enojado, particularmente porque sintió que yo era, de alguna manera, responsable. En un artículo subsiguiente del periódico, él desahogó este coraje diciendo, “¡El Reverendo Green debería dejar la superstición atrás en el siglo 14 donde pertenece!”

 

Naturalmente, yo me sentí obligado a llamarle por teléfono otra vez. Yo le pregunté que si no hubiera sido posible que el editor, no el reportero, hubiera cambiado el artículo y nos citó falsamente a los dos.

 

Él no se iba a quedar en paz, con todo, y otra vez salió con que era necedad el creer lo que creíamos concerniente a la nube. Entonces Dios me dio un verso de Escritura: Jesús, en Mateo el capítulo 16, dijo a los hombres entendidos, “Hipócritas, que podéis discernir el aspecto del cielo; (pueden mirar y decir que está rojo, y que lloverá mañana) ¿pero cómo no podéis discernir las señales de los tiempos?”

 

Yo proclamo, a la gente de esta edad, que las Escrituras prometen que ha de haber una nube con la aparición del Hijo del Hombre otra vez sobre esta tierra. Ahora le traigo a Ud. la noticia sobresaliente que ha habido tal nube en este siglo, una nube que no puede ser explicada por la ciencia. Si pudiera ser explicada mediante principios científicos entonces ya no pudiera creer lo que creo al respecto, pero no hay explicación. Se me ha dicho por un hombre que yo creo que es el profeta de Dios para esta edad, el Hermano William Branham, que siete ángeles vinieron a él y revelaron los misterios de los siete sellos del libro de Apocalipsis, lo levantaron en medio de ellos, y le instruyeron que regresara al Oriente a predicar los Siete Sellos. Yo no tengo razón para dudar esta explicación. La nube era tan grande, tan alta y tendría que contener demasiada humedad para ser real; pero el hecho persiste; era real. Era más allá de lo real. Fue sobrenatural y Dios la envió como una señal a la Novia.


 

[1] La palabra Cristo significa Ungido.


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