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Cañón Sabino

 

A través de las edades Dios ha ejecutado Sus poderosas obras a través de hombres selectos en lugares selectos. Así que para el creyente, la maravilla de las obras es inseparable de los lugares mismos. Con Moisés fue el Monte Sinaí, un lugar reverenciado y querido en los corazones aún de la nación Judía del día moderno. David trae a la mente la Ciudad de David, la Ciudad Santa de Jerusalén, cuna del Cristianismo andada de hecho por los pies de Jesús. Aquí tomó lugar la selección de muchos de Sus discípulos; aquí también inició Él la última cena. Al cruzar el valle está el quieto Jardín de Getsemaní, donde Él oró, “No mi voluntad, sino la tuya sea hecha.” Apenas al norte de esta ciudad está el infame Monte Gólgota, lugar de la agonía y muerte de Jesús, el Cordero sacrificado.

 

La Isla de Patmos es recordada entre los Cristianos por ser el lugar de la maravillosa revelación de Juan. Aquí fue que Dios visitó al hombre y le mostró todo lo que vendría sobre la tierra desde ese día hasta el tiempo del fin.

 

Así fue que Dios, lidiando con los corazones de hombres como siempre Él lo ha hecho a través de las edades, escogió como uno de Sus lugares de reunión con Su profeta de esta generación la gran y escabrosa cordillera de las Montañas Catalina y, dentro de esta cordillera, un cañón conocido como Cañón Sabino. Tucson yace en la base de esta cordillera y puede ser vista como una joya brillante desde el camino a Cañón Sabino por la noche.

 

Desde temprano en su vida, el Hermano Branham había oído el llamado del Oeste. En 1928 él atendió a este llamado, pero regresó al Este cuando su hermano murió. Fue treinta años después que él habló otra vez del Oeste, en unas reuniones en Waterloo, Iowa, con algunos queridos amigos, la familia Norman. El Hermano Norman apenas había expresado el deseo de salir de Iowa y el Hermano Branham le dijo que, si fuera él, él creía que se iría al Oeste. Grandemente influenciados por algo que su amigo el profeta dijo, los Normans se movieron a Tucson. Esto los colocó en una posición estratégica, la entrada al Cañón Sabino.

 

La primera vez que yo supe del interés del Hermano Branham en Tucson, fue en Enero de 1961, cuando vino la segunda vez a Beaumont, Texas, a una reunión. Le recuerdo diciéndome que iba a hacer una visita a los Normans y a cazar jabalíes, y como me maravillé que solo traía siete balas con él. Él rehusó mi ofrecimiento de calar su rifle en el lugar donde yo era miembro, diciendo que lo iba a calar en Tucson con seis de las balas y que la séptima bala sería usada para matar su jabalí. Fue entonces que yo concebí que aquí estaba un extraordinario cazador, uno que casaría así de lejos de su hogar con solo siete balas. Después descubrí realmente lo bien que manejaba este rifle que él llamada “Blondy,” un Remington Modelo 721, calibre 270 Winchester, el cual había usado para matar cincuenta y cinco cabezas de trofeo sin errar un solo tiro.

 

Enfrente de la casa pastoral en Jeffersonville,, la cual fue edificada con fondos donados por la gente de Calgary, Canadá, había una entrada de piedra en la cochera. Un vecino y amigo, el Hermano Banks Word, había comprado un lote enseguida de esta propiedad y su intento era edificar una casa de piedra en él. El Hermano Branham le aconsejó no hacerlo, porque él presintió que les quitarían el lugar para edificar un puente sobre el Río Ohio de Louisville algún día. Luego en 1957, el Hermano Branham recibió una visión del Señor la cual fue concerniente a esta propiedad. Él vio piedras tiradas en el frente de su casa, maquinaria para arreglar caminos, y estacas como de medidor de tierras tiradas enfrente de su casa. Un joven, descrito por el Hermano Branham como un “Ricky,” un malcriado chofer de una excavadora estaba despedazando el frente de su casa mientras trabajaba en el camino. En la visión, el Hermano Branham estaba enojado con este muchacho y lo golpeó tres veces antes de darse cuenta, entonces entendió que éste era una conducta incorrecta para un ministro del Evangelio. En esto, pensó dentro de sí cómo él no había golpeado a nadie así desde que fue boxeador. Entonces el Espíritu Santo le habló y dijo, “Evita esto. Cuando veas esas estacas tiradas en el frente de tu casa, evita esto.” Él miró, y allí en la puerta de enfrente estaba una carreta,” una carreta cubierta como las que los pioneros usaron cuando fueron al Oeste. Su esposa se sentó enseguida del conductor, los caballos ya estaban enganchados, y sus niños estaban todos a bordo y listos para partir. Él se subió, tomó las riendas, y se encaminó al Oeste cuando de repente la carreta se convirtió en su propia camioneta. Este fue el fin de la visión, y él lo registró en su libro de visiones.

 

Un día al fin del año 1962, mientras el Hermano Branham iba a entrar por su cochera, notó que la puerta y la cerca estaban marcadas por contratistas, para quitarlas. La calle iba a ser ensanchada. En el frente de su casa estaban aquellas estacas que había visto en la visión tiradas. La cosa refrescó su memoria; él miró en el libro de visiones, y allí estaba: “Cuando estas cosas vengan a suceder, vete al Oeste.” Él le dijo a su congregación de este cumplimiento en su mensaje Señores, ¿Es Este El Tiempo?, en Diciembre de 1962. Este era el tiempo para mudarse al Oeste. En Enero de 1963, se mudó a Tucson.

 

En Julio de 1965, mientras yo estaba visitando al Hermano Branham, me dijo de cómo les había pedido a los hermanos que tumbaran la puerta del frente de la casa pastoral en Jeffersonville, para que guardaran las piedras para armarla después que el ensanchamiento de la calle hubiera terminado. Yo había visto al Hermano Banks y otros de los hermanos allí trabajando con marro y cincel tratando diligentemente de remover las piedras. El Hermano Branham me dijo esto y relató cómo los hermanos habían trabajado todo el día y logrado remover sólo dos o tres de las piedras. Él dijo que el Hermano Banks le había dicho que debieron de haber hecho la cosa de concreto sólido y que era imposible para ellos tumbarla. En esto el Hermano Branham recordó la antigua visión otra vez y fue al libro. Allí estaba en la visión que él había visto ese muchacho en una excavadora derrumbando la puerta. Ahora estaba claro que la puerta no podía quitarse hasta que ese muchacho y la excavadora llegaran a la escena. La puerta estuvo intacta hasta ese tiempo.

 

Finalmente el día llegó. El Hermano Banks Word fue un testigo de que el día que ellos vinieron a mover la puerta, efectivamente, allí estaba un muchacho malcriado “Ricky” en una excavadora dando vueltas, levantando el camino, y corriendo en contra de los árboles, así como el Hermano Branham le había visto en la visión. Esto probó que la visión fue de Dios, y sólo pudo suceder en la manera que Dios lo había decretado.

 

En el libro de Zacarías está registrado, “Y huiréis al valle de los montes,…de la manera que huisteis por causa del terremoto en los días de Uzías rey de Judá;… Y acontecerá que en ese día no habrá luz clara, ni oscura. Será un día, el cual es conocido de Jehová, que no será ni día ni noche; pero sucederá que al caer la tarde habrá luz.” Ahora, ¿no es éste el mensaje que el Hermano Branham trajo, “luz en el tiempo de la tarde”? ¿No viene éste en un tiempo de frío, muerte, tinieblas espirituales? Mire a la ciudad de Tucson, esparcida a dos mil setecientos pies sobre el nivel del mar, sin embargo está en un valle rodeado por montañas cuyos nombres deletrean C-H-R-I-S-T, tomando la primera letra de los nombres. De lo que sabemos ahora, era un lugar ungido de Dios.

 

De acuerdo a Nacional Geographic, de Noviembre de 1965, los Pápagos ni los Indios Apaches habían ocupado el valle de Tucson alguna vez. Los Pápagos, la más grande y amigable tribu, y los Apaches, la tribu más guerrera, habitaron apenas una montaña de separados en esta área, y las dos vinieron al valle de Tucson a adorar. Los Indios decían que Dios habitó en las Montañas Catalina. Ellos tuvieron algo de revelación de Dios, porque creyeron en el Lugar Feliz De Cacería y el Gran Espíritu, el Dios del Universo.

 

Poco después que el Hermano Branham se mudó a Tucson, se hizo patente a aquéllos quienes seguíamos su mensaje que cosas extrañas estaban a la mano. Hubo una ocasión cuando la patrulla de caminos lo paró mientras iba de camino de Phoenix a Tucson, preguntándole que a dónde iba.

 

“¡Jerusalén!” dijo el Hermano Branham.

“¿De dónde vienes?” preguntó el oficial.

“¡Jericó!” fue la respuesta.

 

Sus respuestas parecieran extrañas para alguno, pero examinando un globo del mundo muestra la marcada similitud en latitud de las dos ciudades de Arizona y sus contrapartes Israelíes. Además, la altitud de Jerusalén es de dos mil cuatrocientos pies la cual se compara con la de Tucson dos mil setecientos pies.

 

Como hemos visto en capítulos anteriores, el Hermano Branham llegó a Tucson en Enero de 1963 con la visión de Los Ángeles y la terrífica explosión la cual recordaba mucho. La visión le había turbado grandemente, y aunque no temía morir, sin embargo estaba preocupado por su familia como cualquier hombre estaría. Fue en este estado de agitación y mientras imploraba al Señor por una respuesta que despertó una mañana, miró por la ventana de su apartamento hacia un punto distante en las Catalinas, y escuchó al Ángel del Señor decirle, “Ve allá.” En esa hora él vio una visión la cual no había visto antes, algo que le atrajo a este lugar en las montañas. El punto en que su mirada se había situado fue el Cañón sabino.

 

Como a las 8:30 esa mañana él entró al cañón, manejó lo más lejos que pudo, luego subió a pie. Los grandes riscos macizos de la pared del Este del cañón se levantan verticalmente a su lado derecho, alto y más alto, donde las águilas vuelan. Subiendo por un camino abandonado y luego derecho al lado de un escarpado risco, él se encontró “arriba donde las águilas estaban volando”, luego en medio de unas rocas dentadas. Aquí él sintió la presencia del Señor y se arrodilló a orar. Él me dijo personalmente una vez, en Agosto de 1965, que estaba pidiéndole a Dios que le enseñara el significado de todo esto, que le diera una respuesta. Él me siguió diciendo de las veces cuando había estado tan enfermo de su estómago que vomitaba esta sustancia grasosa como agua, tenían que ayudarle para ir a la plataforma, y aún así ponía sus manos sobre gentes llenas de cáncer y el cáncer desaparecía. El don parecía ser para todos menos para él. Como por un año, relató él, Dios se voltearía contra Su profeta, tratándolo y probándolo. Así que aquí estaba esa mañana, arriba en el Cañón Sabino, buscando desesperadamente a Dios por una respuesta para sí mismo con sus manos levantadas al Dios Todopoderoso cuando el sol apenas coronaba a través de la cuesta entre los picos, y de repente, el mango de una espada cayó en su mano.

 

El Hermano Branham habló de la espada apareciendo muchas veces, pero me gustaría decirlo como me lo dijo personalmente. Estábamos en la cafetería del Holiday Inn. Yo recuerdo que sobre nosotros en la pared estaba un escudo con dos espadas cruzadas. El Hermano Branham tomó su cuchillo, lo levantó y dijo, “Hermano Pearry, fue tan real como este cuchillo que tengo en mi mano”. Dijo cómo el mango era de perla y la guarnición era de oro. Él me dibujó un diagrama en una servilleta que parecía indicar que la navaja era de dieciocho a veinte pulgadas de larga. Era filosa.

 

“Allí estaba brillando en el sol”, dijo él, “cuando esa voz habló”.

“Es la Espada del Rey,” dijo la voz.

“Oh,” dijo él, “una espada como con la que un rey encomienda a un hombre.”

“No la espada de un rey,” exclamó la voz, “¡La Espada del Rey!”

 

Hablando de esto, me dijo, “Hermano Parí, no fue un sueño; no fue una visión; fue una espada literalmente en mi mano. El sol estaba reflejándose en ella.” Me dijo cómo talló sus ojos para ver si estaba dormido, pero eso simplemente no era ni sueño ni visión. Era real.

 

Fue entonces cuando la voz habló y le dijo, “Este es el Tercer Jalón.”

 

Después de esta fantástica experiencia en Cañón Sabino, el Hermano Branham se sintió atraído varias veces para regresar al cañón. Las dentadas rocas arriba tenían una atracción particular para él. Aquí él se paró mirando hacia abajo a Tucson.

 

Como un fundamento a la próxima experiencia en Sabino, regresemos al tiempo en 1923 cuando su madre, que no era muy dada a soñar, es taba por decirle de un sueño que tuvo concerniente a él. La detuvo, y él mismo le dijo el sueño, así como Daniel había interpretado el sueño del rey. (Él a menudo hizo esto, después en su ministerio, de hecho recordando a personas que le traían sus sueños, detalles que ellos habían olvidado. Con todo, algunos dijeron que les había dicho sus sueños mal. Olvidando que fueron ellos quienes habían traído los sueños a él, tenían confianza que les podría decir las interpretaciones.) En el sueño de su madre él estaba en el Oeste edificando una casa sobre una colina cuando seis palomas blancas volaron hacia él, se posaron sobre su pecho, colocaron sus picos contra su mejilla, y cantaron. La llegada de las seis palomas había sido en una formación de “S” y partieron de la misma manera.

 

Unos datos más se requieren aquí: El lugar es la Clínica Mayo en alguna ocasión en los 1950’s. El Hermano Branham había ido allí con una necesidad desesperada, deseaba saber cómo curarse de su mal estomacal que le había atormentado cada siete años de su vida. Los doctores de la famosa clínica habían conducido todos sus exámenes, y él estaba esperando por los resultados, quizás al fin, una respuesta a esta aflicción que la había robado fuerzas y hecho la vida tan miserable. Esa mañana mientras despertaba, tuvo una visión. Se vio a sí mismo como un muchacho de siete años, parado cerca de un árbol. Luego pareció que él ya no era de siete años, sino un hombre como de treinta y ocho. Un extraño animal pequeño de cierta clase que parecía una ardilla, se había metido en un hueco del tronco y él estaba raspando con un pelo sobre el tronco para sacarla. De repente el animal salió del tronco, se posó sobre su hombro, y corrió de hombro a hombro. En su visión él tenía una navaja con la cual estaba tratando de matar al animal, pero no pudo hacerlo. Él abrió su boca para exclamar, “¡Uha…!”, y el pequeño animal peludo brincó dentro de su boca, entró en su estómago y comenzó a dar vueltas y vueltas.

 

Él salió de la visión gritando, “!Oh Señor, ayúdame, ayúdame!...”

Una voz le habló quietamente diciendo, “Recuerda, es sólo de seis pulgadas de largo.” La voz repitió, “Recuerda, es solo de seis pulgadas de largo.”

En el libro Un Hombre Enviado De Dios, el Hermano Branham se preguntó si esto significaba que la nerviosa condición estomacal sería sólo por seis meses más, ¿o pudiera ser que él tendría esto seis veces en su vida? La respuesta verdadera la encontraría en el Cañón Sabino.

 

El 11 de Septiembre de 1965, el Hermano Branham trajo su mensaje El Poder Dios Para Transformar, en Phoenix, Arizona. Él y yo estuvimos juntos por un poco ese día. Fue entonces que yo le dije que vendería mi negocio en Texas, me iría a Tucson, y abriría un lugar de adoración allí para aquéllos que siguieran su mensaje en esa ciudad. Siguiente semana, el 18 de Setiembre, estando en Tucson, el Hermano Branham llamó para preguntar si yo podía ir a almorzar con él. Yo acepté inmediatamente y nos encontramos en la cafetería de la Ramada Inn, donde yo estaba hospedado. Él me contó lo nervioso que había estado en las pasadas semanas. Los problemas de la gente, mudándose a la ciudad sin lugar para adorar, comenzaron a pesar mucho sobre él. Me expresó su gozo de que yo vendría a remediar esa situación. Otra vez él me dijo de las experiencias de la espada en Sabino, y de la nube sobre la montaña que descendió tres veces. Me preguntó si yo había visto su nueva casa que estaba edificando al pie de las Catalinas. Y estuvimos en la cafetería tanto tiempo ese día, que ordenamos comida otra vez. Me molestaba que yo estuviera tomando tanto de su tiempo. Me vino a la mente el día en Febrero de 1964, cuando yo le dije por primera vez que percibía que él era un profeta. Yo nunca había ido a una ciudad donde él estaba presente, sin que él se comunicara conmigo de alguna manera, aunque yo nunca pedí una entrevista. Cada vez que hablábamos él me relataba las mismas experiencias. Me dejaba perplejo, le pregunté por qué tendría que ser necesario esto, especialmente cuando tantas otras personas querían verlo. Este día en la Ramada Inn, le pregunté de nuevo por qué estaba pasando el tiempo conmigo, cuando otras cien personas le hubieran gustado verlo. Él simplemente dijo, “Hermano Pearry, es algo que así está destinado.” Entonces supe que de seguro fue destinado, porque de su descripción de los acontecimientos en Cañón Sabino, yo fui capaz de localizar los lugares mismos donde los eventos ocurrieron.

 

El siguiente día, el 19 de Septiembre de 1965, en la Iglesia Grantway Asamblea de Dios, en Tucson, el Hermano Branham predicó su sermón Sed. El mensaje fue transmitido por la vía telefónica. Luego, el 20 de Septiembre, Dios lo llamó otra vez al Cañón Sabino. En ¿Qué Es La Atracción En La Montaña? Mencionó de cómo se levantó temprano en la mañana, y sintió el deseo de mirar por la ventana, y Dios le recordó otra vez de aquella visión de la pequeña ardilla. “Allí está esa ardilla,” le dijo a su esposa, mientras tomaba su Biblia y una vez más se fue hacia el cañón.

 

Al atardecer ese día, el 20 de Septiembre, el Hermano George Smith y yo paramos en el apartamento del Hermano Branham. En camino a Beaumont donde yo iba, de acuerdo a las instrucciones del Hermano Branham, a “orar con George hasta” por el bautismo del Espíritu Santo.  El Hermano George había parado a decirle adiós a Becky[1] antes de irnos. El Hermano Branham vino a la puerta de enfrente trayendo su Biblia. Yo pude ver que había estado llorando.

 

“Hermano Green,” dijo él, “¿recuerdas lo que te dije el Sábado respecto a mi estado nervioso?”

Yo contesté que sí recordaba.

“Bien, no te lo diré ahora,” prosiguió, “tú lo entenderás después. Algo sucedió esta mañana, que me hizo saber Dios, que ¡voy a estar bien!”

 

El Hermano George se unió a nosotros en ese momento y el Hermano Branham, parado mirando al Oeste, su mano derecha hacia el norte, la movió sobre su cabeza y dijo, “Yo fui al Sabino esta mañana. Subí por la vereda, tomé esa curva y regresé alrededor donde están esas rocas dentadas allá arriba, debajo de esa cuesta, donde la espada apareció. Pero antes de llegar allá, el Señor me visitó.”

 

Él no nos explicó en ese momento, así que el Hermano George y yo no supimos lo que había sucedido, pero nos fuimos regocijando de todos modos.

 

El Hermano Branham regresó al Sabino por los siguientes dos días, pero no fue hasta el 2 de Octubre cuando vine a Tucson con el Hermano Marconda para ver una propiedad que había localizado y que creía él, sería apropiada para una iglesia, que yo me diera cuenta más detalladamente. Estábamos en el garaje del Hermano Evans cuando llegó el Hermano Branham, cuando le informamos de la propiedad, él quiso verla también. El Hermano Marconda y yo entramos en el carro del Hermano Branham y nos dirigimos hacia el área del Cañón Sabino. Recuerdo que manejó muy despacio y nos tomó cuarenta y cinco minutos para llegar a la gasolinera al crucero de los Caminos River y Cañón sabino. El Hermano Marconda se sentó enfrente, yo me senté atrás, y fue durante esta salida que el Hermano Branham me dijo de los planes que yo tenía, y cómo los diáconos de la iglesia vendrían automáticamente y comenzarían a hacer el trabajo sin ninguna preocupación o promoción de mi parte. Yo no debía de estar ansioso, me dijo, porque Dios lo cumpliría. Pero fue también en esta ocasión, que nos dijo acerca de la aparición de la paloma blanca, de la palabra “águila” escrita sobre la roca, y cómo él había tomado una foto de la roca con la palabra escrita en ella. Sus palabras nos estremecieron grandemente, mas aún así no tuvimos un completo entendimiento del significado de los eventos en Cañón Sabino.

 

Yo regresé a Beaumont, y de allí volé a Venezuela con la misión de predicar. El 2 de Octubre, yo le conté a la gente todo lo que sabía de estas experiencias en Sabino, pero sólo desde el punto de vista de mi limitado conocimiento en ese tiempo. Luego en Noviembre de 1965, me moví con mi familia a Tucson. Visité Sabino por primera vez, y comencé a ver esos lugares de los cuales el Hermano Branham hablaba. Luego en el Día de Gracias, todos fuimos a Shreveport, Louisiana. Fue allí, la noche que el Hermano Branham predicó Sobre Las Alas De Una Paloma Blanca, que por fin, entendí, plenamente lo que había sucedido en el Cañón Sabino el 20, 21 y 22 de Septiembre.

 

En la mañana del 20 de Septiembre, después de que el Señor le había recordado del animal que parecía ardilla, había subido hacia Cañón Sabino, hacia el lugar donde la espada apareció. De repente mientras rodeaba una curva en la vereda, allí estaba el pequeño animal peludo. No era una ardilla; es más, era diferente a todo lo que había visto antes. El animal le brincó, erró, y se ensartó en un cacto cholla. Un gozo se apoderó de él al saber que ésta era una señal del Señor de que esta enfermedad que el Doctor Ravensway había declarado incurable (después de examinar su estómago y decirle que lo tenía como plomo, completamente incrustado) pronto lo dejaría. La completa revelación era que las “seis pulgadas” del pequeño animal significaban que él tendría el problema seis veces. Siendo que él había sufrido con ello cada siete años y éste era su año cincuenta y seis,,  el sexto periodo de siete años estaba llegando a su fin y sería liberado del mal por el resto de sus días.

 

El siguiente día, el 21 de Septiembre, regresó él otra vez, dirigiéndose hacia las rocas dentadas donde la espada había aparecido. De repente se percató de la presencia del Señor. Se quitó su sombrero, miró alrededor, y allí en el camino estaba una pequeña paloma blanca. Su mente retornó al sueño de las seis palomas en forma de “S” mientras estaba en el Oeste edificando una casa en la colina. Él dijo que siempre sabía que la séptima paloma aparecería algún día. Ahora aquí estaba en el Oeste, edificando una casa en una colina y la séptima paloma había venido a él. Él lo tomó como estaba destinado, una señal de arriba del puro y dulce amor de Dios, en las alas de una paloma blanca; así como Dios visitó a Noé con una paloma, así como Dios dio testimonio en el bautismo de Jesús en el Jordán, con una paloma.

 

El 22 de Septiembre, lo encontró de nuevo subiendo el cañón. Él había regresado a casa el día anterior regocijándose y ahora estaba retornando para alabar y dar gracias al Señor. Él llegó a una división en el camino donde siempre había tomado la vereda hacia el Este. Esa mañana se sintió fuertemente atraído a tomar la vereda Oeste en esta división. Pasó la mañana entera en el esplendor del cañón, a lo largo de esta vereda Oeste del camino. Él había tomado un trago de agua fresca en el arroyo y como al mediodía se encontró regresando por la vereda, se paró a descansar en la sombra, recargado sobre una roca la cual él describió de cómo setenta toneladas de peso. La voz le habló, “¿En qué te estás recargando?” Rápidamente él se retiró de la roca para examinarla y allí, escrita en cuarzo blanco en el mismo lado de la roca estaba la palabra “águila.” (Recuerde su mensaje sobre el águila y la paloma, como siempre dijo que la paloma guiaría al águila y que sería el mensaje del águila que llevaría a la Novia hacia el otro lado.) Cómo la palabra “águila” se escribió sobre esa roca nadie sabe, pero allí, escrita en el lado de la roca como a la altura del corazón del profeta mientras se recargaba sobre la roca, aparece la palabra “águila.” Al día siguiente regresó a fotografiar la roca. Él tomó un total de dieciocho fotos ese día. Fueron reveladas, pero nadie supo de las experiencias en pleno hasta que predicó Sobre Las Alas De Una Paloma Blanca. Por supuesto, después de este sermón, todo tuvo mucho significado, porque no había habido un servicio donde la presencia del Señor se había sentido tanto como esa noche en Shreveport. Como nos acordamos de estas experiencias durante la semana del accidente, tratando de reconciliar el significado de la visitación en Sabino con el contrastante horror del accidente. Aunque parecía que no encontraríamos el significado en esa ocasión, hay una cosa de la cual podemos estar seguros, Dios amó a Su profeta, pues Él le envió una señal sobre las alas de una paloma.

 

En Marzo de 1966, el Hermano Billy Paul relatándome la carga de su soledad, comentó de cómo él daría todo con tal de ser capaz de encontrar los lugares en Sabino donde Dios visitó a su padre. Examinamos las fotografías y los negativos juntos. Mientras las mirábamos, mi memoria fue atraída por algunas de las escenas. Parecía que comenzaba a reconocerlas. Llegamos a la foto en la cual se miraba como un águila en lo alto, con sus alas hacia atrás, mirando sobre su hombro derecho. Yo no había visto la formación, pero comenté que yo pensaba que sería capaz de encontrar esa roca sobresaliente, aún si tuviera que contratar un avión para hacerlo. De repente, parecía que la clave para encontrar la roca del águila estaba por allí en esas fotos. El Hermano Branham no era un entusiasta por la cámara, pero él nos había dejado un registro del camino hacia la roca del águila. La foto de la roca del águila mostró claramente la palabra “águila” escrita en blanco sobre el costado (incrustada, mejor dicho) en la roca. El Hermano Billy Paul trajo esa foto a la iglesia el Domingo por la noche para enseñarla a la congregación.

 

La experiencia de ver las fotos y hablar con el Hermano Billy Paul había conmovido tanto mi corazón que todo el día Lunes estuve pensando en ello. El Martes 13 de Marzo de 1966 al mediodía, exactamente tres años desde el día que el Hermano Branham dejó Tucson para ir a Jeffersonville a predicar los Sellos, el Hermano McClintock y yo fuimos hacia Sabino para comenzar nuestra búsqueda.

 

No habíamos acabado de estacionar el carro cuando inmediatamente reconocí una de las formaciones que había aparecido en una de las fotografías del Hermano Branham, pero me di cuenta que el ángulo era diferente; él aparentemente había estado en algún lado sobre la loma mirando horizontalmente a la formación. Fue así que continuamos nuestra búsqueda, con un constante sondeo en mi memoria lo que el profeta me había dicho que era un don de Dios, y una meticulosa comparación de ángulos y distancias con aquellos revelados por las fotografías. Después descubrí que la primera foto era de las rocas dentadas donde la espada había aparecido. Los numerosos riscos en la parte de atrás, la cuesta por la cual el sol brilló para hacer la espada brillar, ambos decíamos que quizás éste era el lugar. (Una prueba más tarde reveló que éste era el único punto en toda la loma del Este el cual podría haber sido iluminado por los rayos del sol a las 9 de la mañana en la fecha en Enero cuando la espada apareció.) El Hermano Branham había apuntado su cámara precisamente a las rocas dentadas donde la luz del sol pega a esa hora en la mañana. La evidencia era irresistible.

 

Complacidos por este primer descubrimiento, el Hermano McClintock y yo nos apresuramos por la vereda, intentando alcanzar las rocas dentadas en la fotografía. Cuando llegamos a una división en la vereda, mi memoria recordó las palabras del profeta, “…Yo fui atraído de regreso al Oeste…” Nos dirigimos por la vereda Oeste, caminamos cierta distancia sin alguna otra señal alentadora, cuando mirábamos atrás por la vereda podíamos ver que el ángulo y distancia eran correctos para el punto desde el cual el Hermano Branham había fotografiado la formación de roca dentada. Fue entonces que supe que el profeta había caminado esta vereda hacia la roca con la palabra “águila” en ella y que detrás de mí estaba el lugar, en la vereda Este, donde la espada había aparecido.

 

Rodeamos una curva en la vereda y allí, claramente, como pintada por un artista, estaba la gran formación de rocas que asemejaba tanto un águila, alas dobladas, mirando atrás sobre su hombro. Otra vez, la formación era correcta, pero el ángulo estaba mal. El profeta debía de haberse parado directamente debajo cuando tomó la fotografía. Ahora estaba claro sin sombra de duda que estábamos en la vereda del profeta. “Él no estaba aquí,” exclamé yo, “¡pero él estaba más adelante mirando hacia arriba a ella!”

 

En nuestra carrera por la vereda nos detuvimos al mirar una gran roca la cual parecía que pudiera ser la roca donde la palabra “águila” había aparecido. Un examen cuidadoso reveló que pudiera haber algunas pequeñas letras blancas sobre la roca, quizás una palabra, pero no muy clara. Las palabras del profeta vinieron a mi memoria, “Dale la prueba de la Palabra a cada cosa.” Ahora esta roca parecía que pudiera ser la indicada, excepto por un detalle; el profeta había dicho que pesaba setenta toneladas y esta roca no era de más de dos toneladas. El Hermano McClintock comenzó a hacer un dibujo de los detalles de la roca para compararla más tarde con la fotografía. Mientras él hizo esto, yo le dije que yo subiría corriendo por la vereda y vería si podía encontrar el punto desde donde el profeta había tomado la foto de la gran piedra del águila.

 

Mientras descendía por la vereda, yo podía ver otras formaciones que fácilmente podría reconocer de las fotografías que el Hermano Branham había tomado. Finalmente, a unas pocas yardas, me detuve para llamar al Hermano McClintock. Emocionadamente le dije que yo creía que era en algún lugar en esta sección que la foto había sido tomada. Mientras me volví a mi derecha, mi espalda hacia el empinado peñasco, de repente encontré mis ojos enfocados sobre una roca, no sólo una roca, pero en la roca, claramente, las letras e-a-g-l-e, escritas en blanco en la roca.

 

Antes de que yo pudiera emitir las palabras para gritarle al Hermano Harold, yo estaba sobre mis rodillas agradeciendo a Dios que me había guiado por el Espíritu Santo a la palabra “águila” ¡escrita en una roca!

 

Desde entonces, otros han tomado las fotografías del Hermano Branham y comparan para su satisfacción que éste es el lugar. Recuerde las palabras de Jesús donde Él dijo que si los hombres retuvieran su alabanza las piedras clamarían. Yo digo que Cañón Sabino es un testimonio físico en contra del mundo para aquéllos que niegan ese mensaje.


[1] Becky, como cariñosamente se le llama a la Hermana Rebeca, esposa del Hermano George Smith, e hija del profeta.


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