Make your own free website on Tripod.com

- 15 -

 

El Accidente

 

A través del odio de una mujer y la necedad de su hija, Juan el Bautista fue decapitado. Aunque Jesús declaró, “Entre los que son nacidos de mujer, no se ha levantado uno mayor que Juan el Bautista,” con todo Dios, en Su soberanía, escogió permitir la forma más cruel y deshonrosa del hombre para quitar a Su profeta de la escena. Aquí estaba Emmanuel, “Dios con nosotros,” parado a unas millas de distancia al parecer son Sus brazos cruzados, mientras el plan malvado de una mujer se cumplía. Cuán rápido algunos dirían que esto sin duda era juicio sobre Juan el Bautista. Cuán necios sus pensamientos cuando se sabe que es simplemente una cuestión de que las maneras de Dios no son las nuestras. Nosotros quizás hubiéramos querido a Juan elevado a una posición de rey, o haber sido el que se sentara a la mano derecha de Jesús mientras él estaba sobre la tierra. Pero el mismo Juan dijo, “Yo tengo que menguar, él tiene que crecer.”

 

El Hermano Branham dijo que el día venía cuando él también tendría que caminar a través de la puerta de la muerte. Él lo llamó un “escape de esta casa pestilente.” En el tiempo de la muerte de la Hermana Hope, él susurró en su oído; “Querida, probablemente yo seré colocado a tu lado.”

 

A la edad de cincuenta años, comenzó a mencionar que él iba a pasar la marca de medio siglo y que si iba a hacer algo por Dios, tendría que ser ahora. Él sabía que su porción otorgada “setenta años” estaban ya avanzados y que si el Señor no viniera pronto, tendría que ser llevado a encontrarlo en Gloria a través de la puerta del escape de la muerte.

 

En su relato de la visión de los siete ángeles la cual precedió al acontecimiento actual en Arizona, en el cual había habido una explosión, se preguntó si ésta era Dios diciéndole que ya había terminado con su ministerio y estaba a punto de morir en una explosión o alguna otra acción violenta. Este sentir lo expresó en varios de sus sermones a principios de 1963.

 

El asunto de la compra y el amueblado de su casa en Arizona, me dijo que no era para él, pero era para que “Meda y los niños tuvieran un lugar bonito para vivir.” Él estaba feliz de que ellos pudieran vivir en el clima del desierto, tan relativamente saludable comparado al valle de Jeffersonville. Me dijo cuánto amaba el Oeste y cómo le gustaría quedarse aquí pero que si el Señor escogiera llevárselo, por lo menos Meda tendría un bonito lugar para vivir. Yo recuerdo haberle mencionado que en una reciente ida al cementerio había observado que donde Hope estaba sepultada no había lugar para él al lado de ella. “Hermano Branham,” le dije, “tendrás que vivir hasta el Rapto, pues ese árbol ha tomado tu lugar.” En eso se volteó y se fue de mí sin darme una respuesta.

 

Nosotros quizás miramos la muerte como algo que es temeroso y terrible, pero debemos recordar las palabras de Jesús que dijo, en Juan 5:24, “El que oye mi palabra, y cree al que me ha enviado, tiene vida eterna…” Solo Dios puede decir esas palabras. Jesús habló concerniente a Lázaro, “Él duerme.” Los discípulos contestaron que si éste era el caso, él “estaba bien.” Pero cuando le explicó que Lázaro estaba muerto, entonces ellos temieron y temblaron, porque todavía no habían experimentado la resurrección. Es sólo en la seguridad de la resurrección que la muerte pierde su dominante poder sobre nosotros.

 

Los eventos relacionados al accidente comenzaron temprano un Sábado en la mañana, el 18 de Diciembre de 1965, cuando el Hermano Branham dejó Tucson con su familia, hacia Jeffersonville para las festividades de Navidad. Siguiendo su ruta de ese día fatal, encontramos que ellos pararon en el Restaurante Hank’s en Benson, Arizona, para almorzar. Para la comida del mediodía llegaron al comedor en Alamogordo, Nuevo México. Como a las seis esa tarde ellos estaban en el pueblo de Clovis, Nuevo México, estacionados en el Restaurante Denny’s, para la cena.

 

El Hermano Branham, la Hermana Meda, Sara, y José iban viajando en su camioneta, una Ford 1964. Billy Paul, la Hermana Loyce, y sus dos niños iban detrás en el carro de Billy. Como tantas cosas concernientes al Hermano Branham, aún el carro que conducía había sido reportado falsamente. Por esta razón, yo deseo asentar el registro exacto. El carro era un Ford 1964 como con cincuenta y cinco mil millas en el, el cual me iba a vender en Jeffersonville e iba a tomar posesión sobre uno nuevo 1966. Yo iba a volar a Jeffersonville para traer la camioneta de regreso.

 

En Clovis, su familia reporta, dos cosas raras sucedieron. Primero, dijo que él no iba a comer, que no sentía hacerlo, pero más tarde se unió al grupo de los dos carros en el restaurante y tomó una cena ligera. La siguiente cosa fue que cuando ellos salieron del restaurante, le pidió a José que se moviera con Billy Paul y su familia en el carro detrás. Él rara vez hizo esto, comprendiendo que un jovencito como José pudiera dar dificultades en un carro ya lleno con pertenencias y pasajeros.

 

Al Hermano Branham le gustaba manejar. Billy y él habían viajado en carro por miles de millas de una reunión a la otra. Los dos habían demostrado una extraordinaria habilidad al viajar en la carretera, seguido sin mapas. Rápidamente memorizaban los intrincados movimientos entre los dificultosos cambios de la carretera. Ellos conocían sus rutas bien, sabían en donde parar por sus alimentos y el nombre de los restaurantes en el camino. Yo observé esta habilidad y vigilancia en sus viajes cuando yo les acompañé a Columbia Británica en 1964. Esta característica es importante, yo creo, porque tiene relación al accidente.

 

Apenas al otro lado de Texaco, Texas, a la orilla de la ciudad, hay una rara vuelta que tiene que ser hecha en medio de la isla en el centro de la calle para dar vuelta a la izquierda hacia la carretera a Amarillo. Billy Paul, ahora guiando el camino en su carro, tomó esta dificultosa vuelta, pero el Hermano Branham se pasó la vuelta. Billy se paró al lado del camino, esperando para que su papá diera la vuelta, y regresara en la línea correcta, e hiciera la vuelta desde la dirección opuesta. La Hermana Branham recuerda que el Hermano Branham siguió hasta fuera de la ciudad, cruzó unas vías de tren, hizo una vuelta en U, y regresó hacia la intersección. Billy me dijo que tomó de tres a cinco minutos a su papá para regresar y alcanzarlo.

 

Tres millas al Este de Friona, Texas, Billy Paul rebasó un carro (determinado después que llevaba una familia con el nombre de Busby). Al pasar el carro, notó una sola luz acercándose, como de una motocicleta. Al llegar cerca, notó que pertenecía a un carro con la luz izquierda apagada y la luz derecha venía en el centro del camino. Esto colocó al automóvil más de la mitad dentro del carril de Billy, causando que se desviara hacia la zanja para evitar el choque. Cuando regresó al carril, turbado por esta experiencia, miró en el retrovisor para ver si el carro que había rebasado evitaría también este vehículo errante. ¡De repente se oyó repugnante sonido de un choque! Este carro, un Chevrolet 1959, conducido por un muchacho de diecisiete años cuya vida era una historia de crimen y castigo desde la edad de once, había encontrado el siguiente vehículo ¡de frente!

 

El muchacho había salido del Reformatorio Gainesville sólo treinta días antes del accidente. Lo soltaron en la custodia de su tío, un agricultor muy pobre con otros nueve hijos. El muchacho difícilmente había conocido sus propios padres. Por los últimos treinta días había trabajado y había logrado pagar un enganche de $100 en este carro apenas tres días antes. Sin necesidad de decirlo, el carro que compró estaba en malas condiciones y, en el momento del accidente, el joven conductor y sus acompañantes estaban bajo la influencia del alcohol. El hombre de quien el muchacho había comprado el carro se había asegurado que el seguro de colisión estaba incluido, para proteger su inversión, pero sin embargo, el conductor no traía seguro.

 

El primer pensamiento del Hermano Billy Paul después del accidente fue que el carro que acababa de pasar era el involucrado. Pensando que su padre estaría siguiendo este carro, y hubiera parado para dar asistencia, Billy inmediatamente dio la vuelta en el camino y regresó a la escena del choque. Sólo cuando las luces alumbraron sobre los despojos, la terrible verdad lo sacudió, su padre también había pasado al carro así como él, y que era su padre quien es taba envuelto en el accidente.

 

Billy paró su carro al lado del camino, cerró las puertas al salirse, y les dijo a los niños que permanecieran en el carro. Él y Loyce corrieron hacia la carretera para mirar la espantosa escena. Su padre se había salido por el vidrio delantero y estaba sobre el cofre. Su codo izquierdo estaba trabado en la puerta, su pierna izquierda estaba complicadamente atrapada alrededor del volante, Sara estaba en el piso atrás, y la Hermana Meda estaba debajo del tablero al lado derecho. Billy habló a su padre, “¡Papá!” dijo él, “¡habla la palabra!”

 

El Hermano Branham respondió, una de dos, “no puedo” o “no lo haré” y volteó su cabeza de Billy.

Loyce gritó, “¡Meda está muerta! ¡Meda está muerta!”

Billy corrió hacia el otro lado del carro, encontró el brazo de la Hermana Meda y buscó su pulso. Él no encontró pulso. Regresando a su padre, le habló al Hermano Branham y aparentemente no tuvo respuesta.

Otro grito se oyó en la noche y penetró en la conciencia del Hermano Branham, la agonía de José, agonía y horror en la escena ante él, la de sus padres pudieran estar terriblemente heridos, o muertos. En esto, el Hermano Branham se movió, sacudió su cabeza, y dijo, “¿Qué fue eso?”

 

(Recuerde la visión que cuenta el Hermano Branham el 30 de Diciembre de 1962, en su sermón Señor ¿Es Esta la Señal del Fin? Donde José estaba con él y hubo un grito fuerte.-Editor)

 

Billy le dijo a su padre que su madre estaba muerta. Él respondió, simplemente, “¿Dónde está ella?”

“Ella está en el piso del carro,” le dijo Billy.

“Pon su mano en la mía,” fueron sus instrucciones mientras el Hermano Branham metió su mano hacia el carro donde Billy pudiera unir sus manos, su oración fue, “Oh Dios. No dejes que mamá muera, pero déjala con nosotros.”

 

La Hermana Meda y Sara fueron removidas y trasladadas al hospital en Friona, Texas. La tormentosa vida del joven conductor había terminado en el impacto. Su pasajero al lado derecho estaba muerto también y dos muchachos atrás estaban apenas vivos. Los vivos y los agonizantes iban camino al hospital, la fatigosa tarea de remover al Hermano Branham de entre los despojos comenzó. Iba a tomar como cuarenta y cinco angustiosos minutos.

El estaba atrapado tan difícilmente en los despojos, que fueron necesarias medidas drásticas para liberarlo. Mientras dos grúas literalmente jalaron el carro por los extremos, el Hermano Billy Paul arriesgó su propia vida para arrastrarse dentro de los despojos para liberar a su padre. Una falla aquí hubiera significado que el carro hubiera tenido otro estallido y poder fácilmente matar a Billy. En contra del consejo del patrullero de caminos y de la cuadrilla de grúas, Billy entró a los despojos y de hecho desenredó la pierna de su padre de alrededor del volante, empujó la puerta hacia fuera con sus pies, y sacó a su padre. Terriblemente herido, su padre fue puesto en la ambulancia y acompañado por su fiel hijo. Las palabras del Hermano Branham a Billy, aunque desproporcionadas, fueron firmes, “Billy, ¿tengo puesto mi bisoñé?”

 

Billy le contestó que sí, y las siguientes palabras de su padre fueron, “Quítala.” Billy la jaló para removerla, temeroso de lastimar a su padre más, dijo que no lo pudo hacer. Esta vez la petición fue una orden, “¡Quítala!” Billy jaló el bisoñé y se lo quitó.

 

Poco después de que llegaron al hospital, la increíble noticia salió que el Hermano Branham y su familia habían estado envueltos en un serio accidente automovilístico. La hija del Hermano Branham, Becky, y su novio George Smith, estaban de visita en nuestra casa en Tucson en esa terrible noche. Ellos apenas habían salido de la puerta cuando las noticias llegaron por teléfono. Una hora, después de que yo había hablado con Billy al hospital, y siendo incapaz de determinar cuan seria era la condición del Hermano Branham, yo abordé un avión de reacción hacia Phoenix, la primera escala en el viaje hacia el lecho de nuestro amado profeta. Yo estaba sin reservaciones, y no tenía idea de cómo iba a completar el viaje. En Alburquerque, supe por contacto telefónico con Billy, que el Hermano Branham había sido trasladado a Amarillo, Texas. Billy me pidió que recogiera a su familia en Clovis y los llevara hacia Amarillo. Como no había vuelos comerciales disponibles, contraté un avión privado.

 

Fue este hecho de contratar el avión privado, que me trajo una experiencia que nunca olvidaré. Fue al amanecer en la mañana del 19 de Diciembre, volando a una altitud de nueve mil quinientos pies[1], que yo observé una “señal en los cielos” de la cual la Palabra dice que podemos esperar en los tiempos cerca del fin. La luna estaba casi oscurecida completamente, como si estuviera de luto, excepto por un poco de luz, en forma de lágrima, en la parte más baja. El color era rojo-sangre. Miré hacia el piloto, un Mormón, y le pregunté si había visto lo que yo vi. Su respuesta fue impresionante: “Esa es una señal de la venida del Señor.” Más tarde, en Clovis, él rechazó mi invitación de seguir hacia Amarillo, que la experiencia había conmovido tanto su corazón que sintió que debía regresar a poner su propia casa en orden…

 

La única señal de vida que encontré en la solitaria pista a esa hora de la mañana fue una pequeña luz a la orilla del campo la cual resultó ser la luz de un timbre en un coche de habitación. Yo desperté al ocupante el cual estaba algo espantado por la visita a esta hora de la mañana, y le pregunté cómo podía yo seguir desde allí. El Señor había provisto una manera, lo supe pronto, en la forma de un carro por la agencia Nacional de Renta de Carros, el cual habían dejado allí para que la gente de la agencia Nacional lo recogiera más tarde ese día. Las llaves estaban en el carro. Temporalmente me convertí en un ladrón de carros, pues tomé el carro, recogí a Loyce y a los niños, y manejé hacia Amarillo. (Yo regresé el carro en la agencia Nacional de renta de Carros en Amarillo, quienes estuvieron felices al hacer la cuenta y recibir el carro.)

 

Llegué a la sala de espera del hospital como a las 8:00 a.m., apenas trece horas después que el accidente había ocurrido. Billy había estado despierto toda la noche. (A un tiempo, la presión de sangre del Hermano Branham había bajado a cero, y los registros médicos decían que habían tenido que pararlo sobre su cabeza con tal de darle una transfusión de sangre.) Si el Hermano Billy Paul vive hasta los sesenta años, yo estoy seguro que se mirará como esa mañana. Él estaba tan cansado, tan agotado completamente, que nunca ha sido capaz de recordar cuando entré en el cuarto, tomé el teléfono de él, pues había estado hablando larga distancia, y lo guié a un sofá donde cayó inmediatamente dormido.

 

Una enfermera vino a la puerta, me informó que el Hermano Branham había salido de operación, y preguntó si me gustaría verlo. Ella pensó que era mejor dejar a Billy dormir en esa hora, y me llevó hacia la Unidad de Cuidado Intensivo. Sara, herida menos críticamente, la habían movido a otra parte del hospital. Primero se me permitió ver a la Hermana Branham. Ella parecía inconsciente, su cara hinchada irreconocible. Mientras le hablé, ella parecía reconocerme desde un estado de semiconciencia.

 

Yo conté los pacientes en la sala. Había otras once personas en la Unidad de Cuidado Intensivo aparte del Hermano Branham. Tomé este hecho en mi memoria, ignorante en el momento del significado de esto, y caminé hacia la cama del Hermano Branham.

 

Su brazo izquierdo y pierna estaban en contracción. No había respuesta de él desde que lo habían sacado del cuarto de operaciones. Yo le hablé; no respondió.

 

Me parecía a mí que si tan sólo él pudiera hablar la palabra… yo se lo dije. Sin embargo, no respondió.

 

Yo lloré.

 

A través de la gris inundación de angustia que vino sobre mí, en el amargo alivio de las lágrimas, me encontré cantando Sobre Las Alas De Una Paloma Blanca.

 

De alguna forma los acordes de esta melodía, tan favorita para él, penetraron a una conciencia que había sufrido tanto en las últimas horas. Él volvió su cabeza, abrió sus ojos, y se sonrió.

 

Le habían hecho una traqueotomía para permitirle respirar y el tubo salía de su garganta, impidiéndole que hablara. Yo le dije a él de la señal que había visto en la luna. La noticia tuvo un efecto violento, pues él trató de sentarse en la cama y gritarme algo, pero las palabras, impedidas de la cámara de sonido de la laringe, se perdieron en el tubo de la traqueotomía. Yo no se qué era lo que él trató de decir, ni por qué este relato de lo que yo había visto produjo tan sobresaliente respuesta. Yo le sugiero a Ud. que escuche la Pregunta No. 24 de la cinta titulada Preguntas Sobre Los Sellos. Aquí el Hermano Branham habló de la señal que Juan el Bautista iba a ver. Bajo la unción él menciona algo acerca de la luna volviéndose sangre. Juan no tuvo una señal de la luna tornándose en sangre.

 

Al completarse los cinco minutos de visita, dejé la sala para llamar a otros quienes yo sabía que estarían ansiosamente esperando palabra sobre la condición del profeta. Otros comenzaron a llegar. Pusimos una vigilia todo el día Domingo… se pasó el Lunes… la vigilia continuó. El Martes, los doctores nos informaron que la pupila del ojo izquierdo del Hermano Branham estaba hinchándose, que esto era una señal de conmoción cerebral, y que iba a ser necesaria una operación para liberar la presión. La importante decisión de operar o no, fue sobre el Hermano Billy Paul. Era una terrible decisión, pero cada uno sintió que Dios lo guiaría al escogimiento correcto, pues era un asunto concerniente a la vida misma del profeta de Dios.

 

El Hermano Billy Paul reunió a los aproximadamente sesenta y cinco Hermanos que habían llegado de toda Norteamérica, les contó sobre el asunto y les pidió que oraran con él. Parecía la cosa natural para hacer; comenzamos a cantar otra vez, Sobre Las Alas De Una Paloma Blanca. Afuera de la ventana, un frió día gris reflejó la tristeza de esta solemne ocasión. La lluvia, la nieva, y el clima congelador habían prevalecido desde la hora que yo llegue a la ciudad. Ahora, con todo, la más estimulante señal nos fue dada, pues mientras cantamos las palabras, “Una señal desde arriba…”, cada uno atestiguó que el sol penetró a través de las nubes en ese preciso momento, iluminando el cuarto donde todos nos habíamos reunido. El Hermano Billy Paul tomó esto como una señal de que Dios estaba con nosotros y nos ayudaría a tomar la decisión. Poco después de esto, él firmó su autorización para la operación.

 

Conmoción y congoja fueron reveladas en las voces de aquéllos cuyas llamadas vinieron en procesión sin fin durante los días siguientes a la tragedia. Hubo voces de nombres bien conocidos, como el Hermano Oral Roberts, el Hermano Demos Shakarian, y el Hermano Tommy Osborn. El Hermano Oral habló de orar por el Hermano Branham, el Hermano Demos notó cuan increíble era que tal cosa le sucediera al profeta de Dios: (Qué poco entendemos nosotros los mortales la soberanía de Dios cuyas maneras no son las nuestras.) fue el Hermano Tommy Osborn cuya profunda desesperanza fue reflejada en las palabras que me dijo, “Este siendo el profeta de Dios, si Él lo quita de la escena, entonces ya no queda nada para el mundo sino juicio.”

 

Muchos rumores desenfrenados, engendrados quien sabe por qué razón en las mentes de los hombres, circularon a lo largo y ancho: el Hermano Branham se levantó de su cama y dejó el hospital; el Hermano Branham orando por la Hermana Branham que también sanó instantáneamente. Por esta razón, para colaborar donde yo podía, tomé las llamadas por el Hermano Billy Paul, a petición de él, y traté de ayudar en la divulgación de los hechos mientras se desarrollaban. De una cosa puedo testificar, las once personas que estaban en la Unidad de Cuidado Intensivo todas salieron de la unidad sin ocurrir ni una muerte. Cada uno que estaban en la unidad cuando el Hermano Branham entró allí, eventualmente fueron dados de alta del hospital, aún un hombre que estaba tan críticamente enfermo que su corazón se paró cinco veces en una noche. Algunas personas quizás no vean el significado en esto, pero para mí, indicó que la unción todavía estaba allí cerca de este profeta de Dios y las gentes estaban cosechando los beneficios. Por esto, yo le doy a Dios la gloria y la alabanza.

 

Yo tomé el turno en la sala de espera, desde como las 3 a.m. a las 6 de la mañana. Esta vigilia solitaria me proveyó una excelente oportunidad para pasar algunos momentos quietos cerca del profeta, orando, llorando, y buscando a Dios por una respuesta a esta tragedia. Una caja de dulces para las enfermeras cada día hizo esto posible, mientras que durante el día yo me hice a un lado para que otros tuvieran estos mismos momentos preciosos cerca de nuestro amado profeta. Yo no tuve ningún lugar especial,  privilegio especial, o palabra especial del profeta, como resultado de estas visitas nocturnas. Es mas, él nunca me habló ni una vez, pero yo continuamente le pregunté a Dios de qué iba a suceder con nosotros, si éste, Su profeta, se iba.

 

Eran apenas pasadas las 4:30 en la mañana del 24 de Diciembre, cuando la enfermera abrió la puerta de la sala de espera para decirme que el Hermano Branham había parado de respirar a las 4:37 a.m. y que ella lo había puesto en la máquina respiratoria. La máquina entonces estaba respirando por él; yo podía oír su sonido en el cuarto siguiente. Otro paso hacia lo peor, pero yo todavía creía que Dios sólo dejaría seguir esto hasta cierto punto antes que el Hermano Branham sanara. A pesar de los apresurados días contestando el teléfono, haciendo arreglos por un teléfono especial, permiso especial para aquéllos que querían orar por el Hermano Branham, muchas veces en las horas tempranas de la mañana cuando ellos llegaban a la ciudad, aún así mi fe se mantuvo. Si Ud. me hubiera dicho que él no iba a sanar, yo le hubiera dicho a Ud. que Ud. simplemente no sabía de lo que estaba hablando.

 

La hora era las 4:49 p.m. del viernes 24 de Diciembre. Otra vez, estaba solo en la sala de espera. Levanté la vista mientras la enfermera abrió la puerta. Su cara descubrió la dolorosa noticia que ella traía mientras me pidió si podía traer al “Señor Branham.”

 

“¿Terminó… todo?” pregunté yo.

Ella movió su cabeza (no confiando en su voz) “Sí.”

 

Yo estaba tranquilo, notablemente tranquilo, como sostenido por una fuerza fuera de mí, mientras caminé por el pasillo y bajé en el elevador hacia el comedor donde yo sabía que el Hermano Billy Paul estaba cenando. En la extraña manera que insignificantes hechos se marcan por si mismos en la memoria de uno en tiempo de pesar o gran tensión, yo recuerdo que Billy estaba allí, comiendo un pedazo de pastel de chocolate.

 

“Hermano Billy.” Le dije, “la enfermera me dice que el Doctor Hines quiere verte.”

 

El Doctor Hines era el doctor de osteología del Hermano Branham. Él había hecho un pequeño dibujo del codo del Hermano Branham y de los huesos del muslo para enseñar a algunos de nosotros la condición terriblemente torturada de esos huesos cuando el Hermano Branham fue internado. Yo todavía tengo este pequeño esquema. “Imposible reparar,” fueron sus palabras para describir el daño causado. Unos cuantos días después, sin embargo, él hizo nuevos esquemas para enseñarnos la manera milagrosa en que estos mismos huesos se habían vuelto a juntar por sí mismos. Él no dijo que el Hermano Branham estaba bien, pero él estaba sorprendido, y dijo que su estructura ósea estaba “diez mil veces mejor ahora, que cuando fue admitido en el hospital.” A esto se atribuye lo del rumor que muchos oyeron de que el profeta había sido sanado de todos sus huesos. Algo sobrenatural había acontecido lo que ni aún este especialista en estructura de los huesos pudo entender.

 

Billy me pidió que fuera con él a ver al Doctor Hines. Mientras entramos al cuarto de consulta, podíamos ver hacia la Unidad de Cuidado Intensivo donde la enfermera había cerrado las cortinas alrededor de la cama del Hermano Branham. En esto, Billy Paul me dijo y dijo, “Pearry, todo ha terminado.” Yo miré hacia otro lado para esconder las lágrimas y entonces, el Doctor Hines entró.

 

“Señor Branham,” dijo el Doctor Hines, “me pesa informarle que su padre falleció a las 4:49 p.m.”

 

Billy inclinó su cabeza, sollozando suavemente. Mirando hacia mí, dijo, patéticamente. “Pearry, lleva a Papá a casa.”


[1] Aproximadamente 2,897.5 m.


Contenido / Siguiente